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Baja
de la edad de imputabilidad
Permiso
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para opinar
por Marcelo Koyra
El
22 de octubre del año 2008, el Gobernador de la Provincia
de Buenos Aires junto a sus ministros de Justicia, Desarrollo
Social y autoridades del área Seguridad anunció
la iniciativa de impulsar el debate tendiente a "bajar
la edad de imputabilidad para adolescentes imputados en delitos
graves" , de esta manera el gobierno provincial intentaba
acotar el dolor y el estupor social causado ante el hecho
traumático, indigerible, de un nuevo suceso de inseguridad,
el asesinato del Ing. Barrenechea. El hallazgo de un responsable,
aliviaría la crisis
La afirmación de que los adolescentes menores de 16
años eran los responsables del incremento de la inseguridad
pública, por lo cual "hay que hacer algo con
ellos
" constituyó un acontecimiento
de tal magnitud que abrió una nueva encrucijada en
nuestra vida social. Muy pronto actores relevantes de la vida
pública empezaron a manifestarse a favor o en contra
de la iniciativa (diputados provinciales y nacionales, el
Jefe de Gabinete de la Nación, miembros de la Corte
Suprema de Justicia, etc.). Quedó expuesto entonces
que el bálsamo no hacía más que amplificar
el conflicto.
23 de octubre, año 2008, apenas un día después
.
sede del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia:
"Martha ¿qué hacemos? ¿Nos vamos
o nos quedamos?" La conmoción reinante en
el lugar no alteró el pensamiento, ni el compromiso
asumido por la conductora del área de Niñez
y Adolescencia en pos de transformar la preocupante situación
que atraviesa dicha población. Propuso entonces al
ministro Arroyo, alimentar el debate responsablemente utilizándo
información precisa, que permitiera evaluar objetivamente
la dimensión del problema, ya que los datos que se
manejaban en los medios y otras áreas del ejecutivo
no eran fidedignos y la información existente en el
área de Niñez y Adolescencia desde ningún
punto de vista justificaba el cambio normativo que se pretendía
impulsar. Vale señalar que el Fuero de Responsabilidad
Penal Juvenil está creado en nuestra provincia en todos
los departamentos judiciales, y constituye la herramienta
indispensable que debe profundizarse.
El debate señalado, aún pendiente, es portador
de novedades en la visión que tienen los máximos
decisores políticos del gobierno de la Provincia de
Buenos Aires en relación al problema de la niñez
y adolescencia en situación de alta vulnerabilidad
y su presunta vinculación con el delito.
Los días subsiguientes fueron aleccionadores en este
sentido: los problemas no resueltos que vivimos como sociedad
y que afectan dramáticamente a la niñez y la
adolescencia con derechos vulnerados quedaron oscurecidos
por la supuesta amenaza que representa este sector para la
convivencia pacífica de nuestra sociedad.
Detrás de discursos presumiblemente garantistas y bien
intencionados se advierten notorias señales que reflejan
los nuevos cursos de pensamiento y acción:
1. Las políticas vinculadas a la promoción de
los derechos y al desarrollo de la niñez y la adolescencia
comienzan a ocupar un segundo plano en la agenda pública
provincial. A la cabeza de esta agenda se encuentran las acciones
dirigidas a contener a la adolescencia en situación
de riesgo, verdadera amenaza para nuestra sociedad, "algo
hay que hacer" y ese qué hacer se discutió
hasta fin de año en la mesa de de las políticas
de Seguridad y Justicia provincial.
2. El incremento del presupuesto provincial solicitado por
la gestión de la Lic. Martha Arriola para atender esta
población fue reorientado y destinado a garantizar
la existencia de nuevos sitios de encierro, relegando toda
acción de prevención, promoción, protección
y restitución de derechos.
3. El área que debe atender la problemática
de la niñez y adolescencia con derechos vulnerados
vuelve a restringir su objeto de trabajo y a burocratizar
su procedimiento bajo la tutela de un discurso netamente jurídico,
que niega en acto la complejidad del objeto de intervención,
alejando la práctica concreta del diseño de
verdaderas políticas públicas y distanciándose
además de la comunidad, sin la cual ningún cambio
institucional de fondo es posible.
Su
actividad se centra predominantemente en la atención
de los casos críticos que trabajosamente acceden a
los servicios zonales y locales, postergando y relegando a
planos secundarios la implementación de los programas
de integración comunitaria (PIC) que tendían
a generar la promoción del desarrollo local para garantizar
el cumplimiento de los derechos de todos los niños,
niñas y adolescentes de la provincia; otra vez los
ejecutivos municipales vieron postergado el acompañamiento
de la provincia.
4. Se resigna la expectativa de jerarquizar el área,
lo que implicaba dotarla de mayor autonomía en la gestión
y de mayor presupuesto para la ejecución de sus misiones
y funciones, a través de la restitución de un
rango institucional pertinente para abordar la problemática
específica. Recordemos que otrora existía el
Consejo Provincial con rango de Ministerio y dependencia directa
del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
Haciendo un breve recorrido de la trayectoria institucional
del área en los últimos 8 años, observamos
que lo señalado no es un suceso aislado, sino que profundiza
la tendencia histórica existente. A saber:
En el año 2002 se produce la degradación institucional
del área que pasó de ser un organismo con rango
ministerial, a una Subsecretaría cada vez más
acotada (Cenicienta en el concierto de las políticas
sociales), sin autonomía ni gestión ágil
para resolver situaciones críticas.
Posteriormente se aceptó la sustitución de la
ley 12.607 sancionada por unanimidad en el año 2001,
por la ley 13.298 carente de consensos, constituyendo una
salida transaccional a los debates no saldados y dando como
resultado una normativa híbrida más limitada
que la anterior (en publicaciones posteriores volveremos sobre
este punto)
El golpe de gracia lo da su decreto reglamentario Nº
300 que genera el cómodo desentendimiento de las misiones
y funciones inherentes e indelegables del área en la
construcción de la ingeniería institucional
en la cual se apoya el funcionamiento del nuevo Sistema de
Promoción y Protección de Derechos. En consecuencia,
se cede su edificación a terceros actores que tienen
una responsabilidad e incumbencia complementaria no directa
sobre la gestión de políticas públicas
que debieran hacer posible un funcionamiento eficaz del Nuevo
Sistema.
Otra renuncia sustantiva la constituye la implementación
de programas preventivos como son las Unidades de Desarrollo
Infantil y el Proyecto Adolescente (sumando ambos aproximadamente
200 millones de pesos de presupuesto anual) desde otras áreas
ministeriales. Siendo escasa la articulación con el
área de Niñez y Adolescencia, quitando potencia
a la intervención integral y a la promoción
del desarrollo local como herramienta preventiva para la promoción
de la accesibilidad a la satisfacción de derechos.
Lamentablemente esto da como resultado:
- Ausencia de planificación para generar los dispositivos
y programas que permitan abordar la creciente demanda que
se genera en los extensos y variados territorios de la Provincia
de Buenos Aires.
- Una construcción institucional que no da abasto,
que tiene un grado de eficacia en la restitución de
derechos que apenas araña el 50 % (según un
estudio diagnóstico realizado en febrero de 2008 con
250 profesionales de tres Servicios Zonales y 34 Servicios
Locales).
- Confusión y desconocimiento en la ciudadanía
y en distintos actores institucionales de los ámbitos
locales acerca de las bondades y procedimientos para la atención
de los niños, niñas y adolescentes con derechos
vulnerados.
- Abundante precarización laboral en el nuevo Sistema
de Promoción y Protección de Derechos.
- Burocratización de algunos Servicios Locales y Zonales
existentes que centran su tarea en la atención de casos
reproduciendo un funcionamiento tribunalicio, alejado de los
requerimientos, necesidades y demandas de la comunidad.
Estuvimos y estamos en un momento crítico en el abordaje
de la problemática de la niñez y adolescencia
con derechos vulnerados ya que no sólo no se generan
los dispositivos y programas indispensables para garantizar
la accesibilidad a la satisfacción de derechos sino
que también se los criminaliza responsabilizándolos
del incremento de la inseguridad pública.
En este contexto aciago resulta auspicioso saber que las nuevas
autoridades del área de Niñez y Adolescencia
mantienen altivo su genio pues nos revelan que el anuncio
realizado por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
de impulsar la baja de la edad de imputabilidad, -vinculando
fatalmente a un sector de los niños y adolescentes
de nuestra provincia con el aumento de los delitos- no tenía
por objeto reparar la política de Seguridad de la provincia
sino muy por el contrario lo que se buscaba era implementar
el Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil en la Nación
generando para todos los niños de nuestra República
garantías procesales y penas morigeradas en caso de
que transgredan la ley. Agradezco a los devenidos en especialistas
la explicación técnica que alivió mi
preocupación ya que nos alertan que no se trataría
"técnicamente de una baja de la edad de imputabilidad"
.
Seguramente las 20.000 personas que participaron de las marchas
realizadas en los meses de noviembre y diciembre en La Plata
frente a la casa de gobierno oponiéndose a la baja
de la edad de inimputabilidad mal interpretaron al igual que
yo semejante iniciativa progresista.
Comencé a trabajar en el área de Niñez
y Adolescencia en el año 1987 en el primer Programa
de "Chicos en Situación de Calle", tengo
21 años de antigüedad como empleado en el Ministerio
de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, hablo
desde el lugar del laburante, desde mi posicionamiento militante
y desde mi formación profesional, raíces, todas
ellas, de mi trayectoria laboral pública y privada.
Me permito hilvanar estas líneas para seguir aportando
a la construcción y el fortalecimiento del Nuevo Sistema
de Promoción y Protección de Derechos. Estamos
ante una nueva encrucijada, la reacción de la militancia
social y de algunos referentes políticos y técnicos
para sostener un debate que dé estatura conceptual
y política a la iniciativa de bajar la edad de imputabilidad
alienta esperanzas para el futuro inmediato.
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