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Chicos
en situación de calle
Grupos,
bandas y frazada
Por Diego Maróz
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El
grupo es fundante, me gusta empezar diciendo esto en esta
oportunidad. Es fuerte. Es contundente.
Desde los inicios de la humanidad, el grupo ha sido y será
la expresión más oportuna para la convivencia.
Y está demostrado, a su vez, que el grupo ha sido no
sólo una forma de ser en el mundo sino también
y, fundamentalmente, una herramienta capaz de defender al
hombre de las inclemencias de todo aquello que estuviese por
fuera del grupo y que se constituyera en peligro. Podríamos
recurrir a la antropología para poder distinguir este
concepto pero nos llevaría un poco de tiempo y, tal
vez, otra nota.
Entonces, decía, el grupo, por una parte, se traduce
en una manera de estar protegido, de vivir en un ambiente
seguro y tranquilo, pero por otra parte ha sido un foco de
conformación de los más descarnados prejuicios
e imaginerías populares, que se han encargado a lo
largo de la historia de producir enfrentamientos, rivalidades
y hasta "pócimas" capaces de vencer a esos
monstruos de la vereda de enfrente.
Por otro lado, y prestándole más atención
al tema que nos preocupa, el término banda no presenta
una definición científica, es un modo de expresión
que alude, si nos remitimos al diccionario a un grupo o forma
de grupo con un líder con capacidad de organización.
Estas formas de referirse a un grupo cobran significación
de acuerdo a la utilización que se le de al término,
por ejemplo banda de música.
En el caso que nos compete, los chicos que habitan la plaza,
hablar de "banda" suena peyorativo, discriminatorio
y excluyente. Esto no ayuda al propósito de resolver
la situación de conflicto, la situación nodal,
sino todo lo contrario, genera cierta tensión y polarización
que estanca y patologiza.
La gente se queja indiscriminadamente cuando advierte que
algún chico de las "frazaditas" se mete en
su intimidad de alguna manera. Pero no se nota preocupación
a propósito del destino de estos niños, de su
futuro o de su presente que es verdaderamente conmovedor y
angustiante.
No he visto a los comerciantes de la zona reunirse para planificar
una estrategia que resuelva la problemática que sufren
los pibes en estas circunstancias, como tampoco vi a las fuerzas
públicas, ni a nadie de los que salieron a quejarse
y a maltratar a estos pibes que se sienta verdaderamente preocupado
u ocupado en diseñar un proyecto que acompañe
el crecimiento de los chicos.
Los chicos en situación de calle están agrupados
ocasionalmente, viven como pueden, más que nada sobreviven.
Se sostienen en esta forma de convivir, un tanto nómade
y desprovista de los elementos básicos que requiere
una persona para vivir dignamente.
Esta forma que "eligen" o que se les impone de alguna
manera los protege del afuera, el afuera entendido como el
afuera del grupo. Porque este "afuera" los excluye,
los discrimina, la única alternativa que les ofrece
es el encierro, primero en los Institutos y luego en las cárceles,
para más tarde acariciarles el cuerpo con un plomo
"perdido" de un "descuidado" guardador
del orden.
Me parece que sus rasgos de "violencia" son más
que nada de "defensa". Es una manera de protegerse,
de llamar la atención, de decir acá estamos,
es que no nos ven?, tal vez en un lenguaje que nosotros no
comprendemos, que no está al alcances de nuestras posibilidades
de decodificarlo. ¿Será por ignorancia? ¿Será
por negligencia? ¿Será por desinterés?
Sea por lo que sea, lo cierto es que nada hacemos que los
favorezca, solo encerrarlos, excluirlos, descalificarlos,
y después queremos que respondan a nuestros mandatos.
¿Es ingenuidad? ¿Es perversión?
Y para colmo deben sobrevivir a las inclemencias del afuera.
Entendido este afuera, como un otro, que somos todos los ajenos
a ellos. Es decir, sin particularizar, trato de referirme
a los que, con una actitud o con una palabra o con indiferencia
profundizamos una distancia cada vez más marcada, sostenida
en un prejuicio y un temor sin fundamentos. Por supuesto que
hay excepciones a la regla, pero estas excepciones no justifican
establecer un silogismo condenatorio. Y por otra parte, si
distinguimos excepciones, en lugar de tomar una actitud violenta,
sería más criterioso y humano pensar en una
actitud pedagógica, comprensiva, poder entender y producir
un acercamiento que genere alguna posibilidad de cambio en
la calidad de vida de todos. Los chicos forman un grupo de
pertenencia. Todos están solos, o por lo menos, en
su presente solos, con una familia que por algún motivo
se define como con ciertas dificultades de asistir y contener
en lo inmediato. No quieren o no pueden volver a su casa entonces,
y de a poco van sintiendo que su lugar de pertenencia es cada
vez más la calle, y cada vez menos sus casas y sus
barrios. Se sienten contenidos ahí, en la calle. Con
aquellos con quienes comparten "desdichas similares",
aquellos que de alguna manera pasan a ser un "grupo familiar"
"un grupo de pertenencia", con quienes convivir
es más posible y a la hora de dormir se está
más tranquilo. Pueden bajar su nivel de ansiedad porque
pueden hablar con un par, porque pueden sentir que hay otro
con quien compartir, con quien comunicarse. Otro que te comprende,
no que te excluye. Construyen un afecto genuino y necesario.
Una persona se puede sentir atacada si otro lo excluye.
Son chicos que han sido excluidos de las escuelas porque la
vía más rápida de resolución de
los llamados "casos problema" es la expulsión
en vez de trabajar con todas las cuestiones problemáticas
que tienen con su grupo familiar, barrial y comunitario. Si
son más grandes no consiguen trabajo, porque si estuvieron
en un instituto "son peligrosos, te pueden robar",
son portadores de rostro. Estos son algunos de los efectos
que se producen desde las Instituciones que dicen proteger
y cuidar, sea el Estado o el conjunto de la Sociedad
Habría que visibilizarlos desde otro lugar. Habría
que pensarlos e integrarlos como lo que siempre fueron, son
y serán, sujetos, y como dice la nueva Ley: sujetos
de DERECHOS. Y digo esto, quizá pecando de obviedad,
porque hay muchísima gente que piensa que no son sujetos,
que no tienen historia, que provienen de una familia de delincuentes
y por lo tanto su única posibilidad de futuro es ser
delincuentes, miradas positivistas si las hay.
Ahora bien, esta modalidad de tratar a los chicos, violenta,
expulsiva, no resuelve nada, al contrario, deviene en un bumerang
que cae encima de todos, y que por supuesto derriba primero
a los más desprotegidos, pero a la larga todos nos
vemos perjudicados.
Por estas razones que están a la vista es que propongo
generemos espacios de debate y reflexión en los lugares
desde donde vienen los chicos, sus barrios, sus casas. Provoquemos
ámbitos en donde puedan jugarse las contradicciones
que todos tenemos con esta temáticas. Permitámonos
ingresar en esos lugares desconocidos que nos aterran, me
refiero a esos lugares adentro nuestro, en donde se nos juegan
los más descarnados prejuicios. Tal vez podamos distinguir
que en vez de ser terribles, el barrio, la gente humilde,
sus costumbres, sus creencias, sus etcéteras, son dolorosos,
difíciles, costosos.
Y a lo mejor cuando lleguemos a desmitificar esta situación
podamos darnos cuenta que estamos con otros iguales a nosotros,
que comparten nuestras miserias, nuestras dolencias, nuestras
incapacidades. Y para quienes la vida y la muerte transitan
por las mismas coordenadas.
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