*Publicación digital - Febrero 2009
Año I N°1

 

 

Chicos en situación de calle

Grupos, bandas y frazada
Por Diego Maróz

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La voz de uno de los chicos

El grupo es fundante, me gusta empezar diciendo esto en esta oportunidad. Es fuerte. Es contundente.
Desde los inicios de la humanidad, el grupo ha sido y será la expresión más oportuna para la convivencia. Y está demostrado, a su vez, que el grupo ha sido no sólo una forma de ser en el mundo sino también y, fundamentalmente, una herramienta capaz de defender al hombre de las inclemencias de todo aquello que estuviese por fuera del grupo y que se constituyera en peligro. Podríamos recurrir a la antropología para poder distinguir este concepto pero nos llevaría un poco de tiempo y, tal vez, otra nota.
Entonces, decía, el grupo, por una parte, se traduce en una manera de estar protegido, de vivir en un ambiente seguro y tranquilo, pero por otra parte ha sido un foco de conformación de los más descarnados prejuicios e imaginerías populares, que se han encargado a lo largo de la historia de producir enfrentamientos, rivalidades y hasta "pócimas" capaces de vencer a esos monstruos de la vereda de enfrente.
Por otro lado, y prestándole más atención al tema que nos preocupa, el término banda no presenta una definición científica, es un modo de expresión que alude, si nos remitimos al diccionario a un grupo o forma de grupo con un líder con capacidad de organización.
Estas formas de referirse a un grupo cobran significación de acuerdo a la utilización que se le de al término, por ejemplo banda de música.
En el caso que nos compete, los chicos que habitan la plaza, hablar de "banda" suena peyorativo, discriminatorio y excluyente. Esto no ayuda al propósito de resolver la situación de conflicto, la situación nodal, sino todo lo contrario, genera cierta tensión y polarización que estanca y patologiza.
La gente se queja indiscriminadamente cuando advierte que algún chico de las "frazaditas" se mete en su intimidad de alguna manera. Pero no se nota preocupación a propósito del destino de estos niños, de su futuro o de su presente que es verdaderamente conmovedor y angustiante.
No he visto a los comerciantes de la zona reunirse para planificar una estrategia que resuelva la problemática que sufren los pibes en estas circunstancias, como tampoco vi a las fuerzas públicas, ni a nadie de los que salieron a quejarse y a maltratar a estos pibes que se sienta verdaderamente preocupado u ocupado en diseñar un proyecto que acompañe el crecimiento de los chicos.
Los chicos en situación de calle están agrupados ocasionalmente, viven como pueden, más que nada sobreviven. Se sostienen en esta forma de convivir, un tanto nómade y desprovista de los elementos básicos que requiere una persona para vivir dignamente.
Esta forma que "eligen" o que se les impone de alguna manera los protege del afuera, el afuera entendido como el afuera del grupo. Porque este "afuera" los excluye, los discrimina, la única alternativa que les ofrece es el encierro, primero en los Institutos y luego en las cárceles, para más tarde acariciarles el cuerpo con un plomo "perdido" de un "descuidado" guardador del orden.
Me parece que sus rasgos de "violencia" son más que nada de "defensa". Es una manera de protegerse, de llamar la atención, de decir acá estamos, es que no nos ven?, tal vez en un lenguaje que nosotros no comprendemos, que no está al alcances de nuestras posibilidades de decodificarlo. ¿Será por ignorancia? ¿Será por negligencia? ¿Será por desinterés?
Sea por lo que sea, lo cierto es que nada hacemos que los favorezca, solo encerrarlos, excluirlos, descalificarlos, y después queremos que respondan a nuestros mandatos. ¿Es ingenuidad? ¿Es perversión?
Y para colmo deben sobrevivir a las inclemencias del afuera. Entendido este afuera, como un otro, que somos todos los ajenos a ellos. Es decir, sin particularizar, trato de referirme a los que, con una actitud o con una palabra o con indiferencia profundizamos una distancia cada vez más marcada, sostenida en un prejuicio y un temor sin fundamentos. Por supuesto que hay excepciones a la regla, pero estas excepciones no justifican establecer un silogismo condenatorio. Y por otra parte, si distinguimos excepciones, en lugar de tomar una actitud violenta, sería más criterioso y humano pensar en una actitud pedagógica, comprensiva, poder entender y producir un acercamiento que genere alguna posibilidad de cambio en la calidad de vida de todos. Los chicos forman un grupo de pertenencia. Todos están solos, o por lo menos, en su presente solos, con una familia que por algún motivo se define como con ciertas dificultades de asistir y contener en lo inmediato. No quieren o no pueden volver a su casa entonces, y de a poco van sintiendo que su lugar de pertenencia es cada vez más la calle, y cada vez menos sus casas y sus barrios. Se sienten contenidos ahí, en la calle. Con aquellos con quienes comparten "desdichas similares", aquellos que de alguna manera pasan a ser un "grupo familiar" "un grupo de pertenencia", con quienes convivir es más posible y a la hora de dormir se está más tranquilo. Pueden bajar su nivel de ansiedad porque pueden hablar con un par, porque pueden sentir que hay otro con quien compartir, con quien comunicarse. Otro que te comprende, no que te excluye. Construyen un afecto genuino y necesario. Una persona se puede sentir atacada si otro lo excluye.
Son chicos que han sido excluidos de las escuelas porque la vía más rápida de resolución de los llamados "casos problema" es la expulsión en vez de trabajar con todas las cuestiones problemáticas que tienen con su grupo familiar, barrial y comunitario. Si son más grandes no consiguen trabajo, porque si estuvieron en un instituto "son peligrosos, te pueden robar", son portadores de rostro. Estos son algunos de los efectos que se producen desde las Instituciones que dicen proteger y cuidar, sea el Estado o el conjunto de la Sociedad
Habría que visibilizarlos desde otro lugar. Habría que pensarlos e integrarlos como lo que siempre fueron, son y serán, sujetos, y como dice la nueva Ley: sujetos de DERECHOS. Y digo esto, quizá pecando de obviedad, porque hay muchísima gente que piensa que no son sujetos, que no tienen historia, que provienen de una familia de delincuentes y por lo tanto su única posibilidad de futuro es ser delincuentes, miradas positivistas si las hay.
Ahora bien, esta modalidad de tratar a los chicos, violenta, expulsiva, no resuelve nada, al contrario, deviene en un bumerang que cae encima de todos, y que por supuesto derriba primero a los más desprotegidos, pero a la larga todos nos vemos perjudicados.
Por estas razones que están a la vista es que propongo generemos espacios de debate y reflexión en los lugares desde donde vienen los chicos, sus barrios, sus casas. Provoquemos ámbitos en donde puedan jugarse las contradicciones que todos tenemos con esta temáticas. Permitámonos ingresar en esos lugares desconocidos que nos aterran, me refiero a esos lugares adentro nuestro, en donde se nos juegan los más descarnados prejuicios. Tal vez podamos distinguir que en vez de ser terribles, el barrio, la gente humilde, sus costumbres, sus creencias, sus etcéteras, son dolorosos, difíciles, costosos.
Y a lo mejor cuando lleguemos a desmitificar esta situación podamos darnos cuenta que estamos con otros iguales a nosotros, que comparten nuestras miserias, nuestras dolencias, nuestras incapacidades. Y para quienes la vida y la muerte transitan por las mismas coordenadas.