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Verano
violento
Una nota de estación
Por: Valeria Vivas Arce
Hoy parece lejano pero
hace solo dos meses la cobertura de algunas noticias relacionadas
con la juventud veraneante y sus desbordes, especialmente
en las costas selectas de la clase media y media alta, inundaba
la plana de los diarios nacionales. El relato siempre cerca
de la profecía autocumplida y respetando la tradición
de cada verano, "la nota de estación", en
su despliegue actual algo devela. En el agrupamiento de acontecimientos,
en su puesta en relación con otros, en los silencios,
en detalles elusivos presentes en las descripciones y en la
delimitación de las causas. Analizar este recorrido
nos aporta no solo una mirada acerca de los sucesos sino también
cómo se recrean unas ideas acerca de la juventud, la
seguridad y los derechos de los jóvenes.
El miércoles,
en Pinamar, un joven empleado municipal que se cruzó
en medio de una gresca entre jóvenes turistas recibe
un botellazo, tirado desde un primer piso, que fractura su
cráneo. El jueves, en San Bernardo, un joven es degollado
en la puerta de su casa luego de haber mantenido una discusión
en un boliche. El viernes, un joven es apuñalado, al
defender a una bella modelo brasilera de la grosería
de unos colombianos al volante de una supercamioneta. Sin
ser tan claro su espacio de pertenencia en la continuidad
trágica sostenida por el "otra vez" presente
en cada nota, se incluye también otra noticia: en la
madrugada del lunes, una chica es abordada en las playas de
Las Toninas, le roban y la someten sexualmente.
Los acontecimientos fueron
enfocados desde los medios gráficos nacionales como
las consecuencias del descontrol juvenil, un todo indescifrable,
un principio sui generis cuyo destino está acelerado
por el consumo excesivo de alcohol, la exploración
desmedida de su sexualidad, la falta de límites paternos
y la impotencia en las medidas de control de las agencias
pertinentes.
Ante este panorama, los
vecinos de San Bernardo marcharon pidiendo "más
seguridad", a raíz de la muerte del joven por
un corte en su garganta. Y, en el recuento de la seguidilla
de tragedias, vinieron a cuenta noticias de distinta índole
cuya relación con el tema central era diversa. Se retomó
como antecedente una nota publicada escuetamente por algunos
medios a principios de enero en la que se relataba una pelea
entre 16 jóvenes enfrentados en dos grupos que comenzó
en el complejo bailable Ku y terminó en la comisaría
de Pinamar, donde tres de ellos habían llegado para
hacer la denuncia, con el saldo de una triple fractura del
tabique nasal y que concluyo sin detenidos. Se expusieron
como agregados de las notas similares, casos de otro joven
apuñalado y de otro con fractura de cráneo.
Los motivos que aparentemente llevan a estas agresiones son,
cuanto mucho, un insulto a la inteligencia. El tema fue utilizado
para reforzar el clima de inseguridad fogoneado por los medios.
Por caso, una nota referida al robo y toma de rehenes en Mar
del Plata fue relacionada directamente con el pedido de los
vecinos de San Bernardo.
Llamó especialmente la atención, los dichos
del jefe de policía de Pinamar, el comisario Juan Tedesco,
"Le juro que no veo la hora de que termine enero -confiesa-
Todas las jornadas son una odisea: empezamos con la previa,
que dura desde las 21 hasta las dos de la mañana, seguimos
luego en la puerta de los complejos bailables y al amanecer
tenemos la desconcentración de los adolescentes, que
suele ser caótica, hacia el centro, hacia los barrios,
hacia las playas. Le miento si le digo que la situación
está domada."(1)
Un día después declaró, "Es difícil
para un policía, porque al chico no lo podés
detener por eso, y vos estás viendo que se está
lastimando"(2). Poca
imaginación la demostrada por los dichos y el accionar
de la policía que parece limitar sus métodos
de resguardo a detenciones y disparos. Como fuerza de seguridad
debe brindar orden haciendo uso de otras herramientas. Como
primera idea, pueden utilizar de la palabra mediando en los
conflictos, más aún cuando éstos ponen
en peligro a los involucrados, a los transeúntes y
limitan el aprovechamiento del espacio público.
Las voces de cada sector
involucrado, según el relato de los medios gráficos,
fueron algunos padres que veraneaban en Pinamar, profesionales
psicólogos, titulares de Organismos no Gubernamentales
y el jefe local de policía. Todos ellos coincidían
en una queja sobre la dificultad de poner límites de
parte de los padres y del Estado. La voz de varios chicos
se escuchó aunque sin profundidad. Todos apelaban a
la responsabilización y a la puesta de límites
de los jóvenes, desde la impotencia. Graficando este
escenario, apareció el gobernador de la provincia de
Buenos Aires quien se corrió de su lugar de responsable
máximo de implementar y diseñar políticas
públicas, y asumió el lugar de padre de familia
aconsejando a los jóvenes que se cuiden en uno de los
pasajes de su suerte de sermón. Este gran tema fue
rozado, como decíamos más arriba, con cierta
idea de inseguridad. Justamente, algunas noticias relacionadas
con robo a turistas y desvalijamiento de domicilios fueron
relacionados directamente, en su redacción, con el
pedido de los vecinos de San Bernardo.
En estas declaraciones
se puede ver claramente lo que los académicos advierten
acerca del peligro de tener distintas miradas hacia la juventud.
Esta mirada que podríamos catalogar de impotente se
contrapone a otra, una represiva que se destina a otro sector
social al que se lo detiene ante una sospecha, se lo priva
de libertad aunque no pese medida judicial sobre él
o ella y, entre otros abusos, se lo reconoce como "menores".
Así, el modo en que vemos y que nombramos aquello que
vemos guía nuestras prácticas. Estos chicos
que pueden veranear en Pinamar o en San Bernardo son hijos
de alguien al que se puede apelar, ¿y los otros? Aquellos
que son detenidos, internados, prisioneros sin condena ¿no
tienen familia? ¿No tienen historia? ¿Ni tienen
los mismos derechos?
Las reflexiones sobre
la juventud y sus modos de vinculación, aún
las motivadas por cruentas noticias policiales, no deben realizarse
solo ajustadas a los tiempos editoriales en desmedro de la
calidad informativa. Informes internacionales alertan sobre
la tendencia mundial a analizar la violencia tomando como
factor clave a los jóvenes, tanto en el origen o la
persistencia de esta, y cómo de este modo se genera
desconocimiento acerca de los aportes positivas a la paz social
que ellos realizan. Además del hecho de que esta realidad
creada por la manipulación de la información
rompe los lazos que vinculan a los distintos miembros de la
sociedad generando temor, discriminación y odios. Pensemos
dos segundos la propuesta del secretario de seguridad de Pinamar,
la puesta en funcionamiento de un sistema de tarjetas magnéticas
como método de control y registro de ingreso y permanencia
al partido, de jóvenes entre 15 y 30 años. Factores
que inciden en la tendencia a cerrarse espacios de proximidad
porque ya no se está seguro porque el enemigo está
entre nosotros.
Entonces, no debemos
creer que todo es lo mismo. La violencia como fenómeno
social no está exclusivamente determinada por un sector
sino más bien atraviesa todos los sectores y no sólo
se ejerce a puñaladas. Tratemos cada caso con el rigor
que se merece, estableciendo fronteras, tratando de determinar
las justas causas. La noción de juventud está
referida al pasaje de la niñez a la vida adulta relacionada
con ciertos ritos de iniciación que no son idénticos
en cada género ni en cada clase social. En las cuestiones
atinentes al ejercicio de la violencia en las costas bonaerenses,
el factor económico y cultural como regulador de la
nocturnidad, del consumo de alcohol y de la ostentación
de poder (y su correlato de impunidad) aparece silenciado
de los análisis que las noticias promovieron.
Enlaces documentales:
*
Testimonios televisivos" Dailymotion" (Video)
*
Violencia en la Costa: Scioli reclamó mayor "responsabilidad"
en los jóvenes "Clarin.com"
(1) Crítica
29.01.09
(2) Crítica 09.02.09
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