*Publicación digital - Marzo 2009
Año I N°2

 

 

Jerarquización del área

Los discursos

La verdad es la única realidad
Paco Urondo

El Estado habla. Lo hace en los dichos y acciones de los diversos gobiernos que asumen la responsabilidad de gestión, en las leyes que promulga, en las estructuras orgánico-funcionales que crea para desarrollar una política, en los recursos asignados. Como es lógico, nunca son enteramente coincidentes los discursos plasmados en palabras con los que se encarnan en la dura contingencia de los hechos y las acciones. Pero en las políticas públicas de niñez y adolescencia se ha producido un fenómeno particular: Cuanto más amplias y fuertes son las proclamas de los efectores políticos de los distintos gobiernos, más estrechos y débiles los recursos asignados al área. Cuanto más altas las aspiraciones plasmadas en las leyes, más baja la jerarquía y autonomía de gestión de las áreas encargadas de impulsar y cumplir esas leyes.

No nos referimos aquí a la calidad de gestión de tal o cual gobierno, a lo atinado de sus políticas o su orientación ideológica ni al buen o mal uso de las herramientas de que dispone. Lo que señalamos es que existe un abismo entre el discurso legal del "interés superior del niño" y la "absoluta prioridad" de la realización plena de los derechos del niño y lo que el propio Estado dice cuando le asigna jerarquía y recursos al área responsable de ejecutar las políticas (una subsecretaría que participa del 12.7% del presupuesto (1) asignado al gigantesco ministerio en que está subsumida).

Esta contradicción profunda produce una profunda esquizofrenia en el discurso estatal; un sentimiento de impotencia, frustración o resignación en los que trabajan en sus estructuras; una parálisis de gestión que hace prácticamente imposible dar las respuestas que la dura realidad de los pibes demanda. Como siempre que se producen estas contradicciones, el discurso de la realidad de los hechos termina deslegitimando el otro discurso. Y no sólo en la percepción de la comunidad. Los propios responsables políticos del gobierno empiezan a elaborar otros discursos que, a su manera, zanjan esta contradicción. Así, el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, sostuvo que "el régimen penal juvenil que rige en este momento debe ser rediseñado porque no se cuenta con los recursos necesarios para dar contención a los chicos…"(2) (…) "es necesario modificar o replantear algunas herramientas legales que, entraron en vigor con demasiada premura y sin la suficiente logística como la Ley de Protección Integral de la Minoridad" (…) "Desde que esa ley entró en vigencia la participación de los menores en los delitos es cada vez más frecuente" (3). Desde aquí, llega a una conclusión: "Si en una abstracción mental lográramos sacar del panorama delictivo a los menores y a los reincidentes, seguramente tendríamos una provincia mucho más segura." No dice el ministro cómo los va a sacar, pero la historia nos enseña que de las abstracciones a la "solución final" hay un paso. Y muchas veces se ha dado. El hilo se corta por lo más débil, las contradicciones también.


(1) Fuente: presupuesto 2008 del ministerio de Desarrollo Social
(2) Revista DEF, septiembre de 2008
(3) Agencia NA, 24 de octubre de 2008

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