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Jerarquización
del área
Los
discursos
La verdad es la única realidad
Paco Urondo
El Estado habla. Lo hace en los dichos y acciones
de los diversos gobiernos que asumen la responsabilidad de
gestión, en las leyes que promulga, en las estructuras
orgánico-funcionales que crea para desarrollar una
política, en los recursos asignados. Como es lógico,
nunca son enteramente coincidentes los discursos plasmados
en palabras con los que se encarnan en la dura contingencia
de los hechos y las acciones. Pero en las políticas
públicas de niñez y adolescencia se ha producido
un fenómeno particular: Cuanto más amplias y
fuertes son las proclamas de los efectores políticos
de los distintos gobiernos, más estrechos y débiles
los recursos asignados al área. Cuanto más altas
las aspiraciones plasmadas en las leyes, más baja la
jerarquía y autonomía de gestión de las
áreas encargadas de impulsar y cumplir esas leyes.
No nos referimos aquí a la calidad
de gestión de tal o cual gobierno, a lo atinado de
sus políticas o su orientación ideológica
ni al buen o mal uso de las herramientas de que dispone. Lo
que señalamos es que existe un abismo entre el discurso
legal del "interés superior del niño"
y la "absoluta prioridad" de la realización
plena de los derechos del niño y lo que el propio Estado
dice cuando le asigna jerarquía y recursos al área
responsable de ejecutar las políticas (una subsecretaría
que participa del 12.7% del presupuesto (1)
asignado al gigantesco ministerio en que está
subsumida).
Esta contradicción profunda produce
una profunda esquizofrenia en el discurso estatal; un sentimiento
de impotencia, frustración o resignación en
los que trabajan en sus estructuras; una parálisis
de gestión que hace prácticamente imposible
dar las respuestas que la dura realidad de los pibes demanda.
Como siempre que se producen estas contradicciones, el discurso
de la realidad de los hechos termina deslegitimando el otro
discurso. Y no sólo en la percepción de la comunidad.
Los propios responsables políticos del gobierno empiezan
a elaborar otros discursos que, a su manera, zanjan esta contradicción.
Así, el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, sostuvo
que "el régimen penal juvenil que rige en este
momento debe ser rediseñado porque no se cuenta con
los recursos necesarios para dar contención a los chicos
"(2)
(
) "es necesario modificar o replantear algunas
herramientas legales que, entraron en vigor con demasiada
premura y sin la suficiente logística como la Ley de
Protección Integral de la Minoridad" (
)
"Desde que esa ley entró en vigencia la participación
de los menores en los delitos es cada vez más frecuente"
(3).
Desde aquí, llega a una conclusión: "Si
en una abstracción mental lográramos sacar del
panorama delictivo a los menores y a los reincidentes, seguramente
tendríamos una provincia mucho más segura."
No dice el ministro cómo los va a sacar, pero la historia
nos enseña que de las abstracciones a la "solución
final" hay un paso. Y muchas veces se ha dado. El hilo
se corta por lo más débil, las contradicciones
también.
(1)
Fuente: presupuesto
2008 del ministerio de Desarrollo Social
(2) Revista
DEF, septiembre de 2008
(3) Agencia
NA, 24 de octubre de 2008
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