|

La
letra y el lenguaje
Por:
Diego Maroz
Uno podría pensar,
a la naturaleza le ha llevado muchísimos tiempo el
proceso de evolución para llegar hasta acá,
en donde nos alcanzamos a reconocer como la humanidad.
Será entonces,
que la humanidad deberá también hacer ese recorrido
para comprender cuestiones tan elementales y saludables. Comprender
por ejemplo, que si se tira la bolsa de basura en la esquina
no se aleja la contaminación, no es que se perjudica
solo el otro. O lo que es peor aún, ni siquiera a veces
poder producir ese pensamiento.
Quiero imaginarme que como género no tenemos tanto
tiempo como el Universo para provocar esas transformaciones,
lo que en algún sentido me produce cierto alivio, aunque
en otro me preocupa y mucho.
Nunca pude comprender
por qué las actitudes de las personas, generalmente,
se aproximan tanto a la destrucción de la humanidad.
Como si estuviera inscripto en algún hueco de esta
complejidad que somos, como un trayecto inevitable de nuestro
pasaje por el mundo. Y como si aquellos que adoptan una posición
diferente a esa posibilidad de cumplir el "mandato",
fuesen lo más parecido a una rebelión que por
cierto detenta grave peligro para el "normal" funcionamiento
de aquel "sistema ya predeterminado".
Afortunadamente las Instituciones y las Organizaciones
de la Comunidad, han podido crecer y aprender con marcada
sensibilidad de que se trata el camino de la Democracia. Seguramente
falta mucho por andar, pero lo trascendente, es que estamos
dentro de ese camino, que lo vamos transitando, que lo vamos
recreando. Más allá de las diferencias y disputas,
se asoma la seriedad del debate y la necesidad de una urgente
movilidad de las Instituciones que crezca a la par del concierto
internacional, al menos en cuestiones que tienen que ver con
la salud social de la humanidad.
Y es en este trayecto, que un sector de la
sociedad, ha logrado comprender la importancia de comenzar
a construir espacios de debate que vayan delineando ciertos
trazos de institucionalidad, tan necesarios para hacer posible
los cambios paradigmáticos. Tan necesarios para que
se instalen nuevas modalidades de operar en el campo, y desde
luego que visualicen una clara respuesta de ética en
las tareas ante las problemáticas que nos afectan.
Ciertamente estas acciones, además
de marcar un recorrido oportuno, dan muestra de una actitud
responsable de quienes constituyen estas instancias de trabajo.
Claro está, no podría ser de
otra manera, la letra necesita del lenguaje para no ser olvidada.
Hace ya algunos años, venimos profundizando
estas variables, pero se hace evidente que hoy necesitamos
redoblar los esfuerzos para alcanzar un compromiso de gestión
que sea leído como herramienta imprescindible en esta
idea de producir un cambio que fortalezca y refuerce los movimientos
que ya se están produciendo en este sentido.
Hoy tenemos un instrumento que abre algunas
puertas para comenzar a revisar nuestras prácticas.
Considero entonces este un momento oportuno para avanzar en
la búsqueda de las herramientas necesarias y capaces
de operar en esta complejidad.
Tenemos un Ley, la 13.298, que sin dudas es
provisoria, porque los tiempos cambian y los pueblos crecen,
y también crecen sus necesidades y sus anhelos, pero
hoy tenemos esta Ley que finalmente a reemplazado al Decreto
10.067.
Lo que nos debe ocupar entonces en este tiempo,
se me ocurre, es explorar cómo hacemos para que este
instrumento sea aplicable. Quiero decir, como vamos construyendo
, conjuntamente, en corresponsabilidad con otros, si me permite
el giro, trazos de institucionalidad desde los lugares que
ocupamos y en este escenario que hemos elegido. Espacios de
trabajo profesional, roles de funcionarios públicos,
para que la letra no carezca de lenguaje.
Por todo esto es que me permito, y por este
medio, a ensayar en el camino del método, valga la
redundancia, sosteniendo como impostergable la creación
y recreación de herramientas que sean útiles
a tales fines.
Y es precisamente en este sentido donde considero
será útil y necesario girar la mirada hacia
aquellos lugares en donde y desde donde, me parece, debe hacerse
piel el compromiso, como un compromiso militante. Entendiendo
al Sujeto como una unidad en su sentir, pensar y hacer.
Es entonces, el barrio, la comunidad, el lugar
desde donde se construye subjetividad ciudadana. Es justamente
ahí, donde debemos preguntar, donde debemos compartir,
donde podemos aprender.
Y es justamente ahí que alcanzo a ver
algunos dispositivos que han tenido y tienen, además
de una profunda riqueza en sus contenidos, una buena capacidad
de convocatoria y sostenimiento de proyectos.
Quisiera citar, en esta oportunidad, un ejemplo
de organización del trabajo social y comunitario, la
Mesa Barrial, que sin duda es el producto de la Comunidad
Organizada.
Un momento de acción que encamine las estrategias hacia
una transformación cultural.
Entiendo a esta forma como un escenario para profundizar el
debate, como el lugar desde donde crece la participación,
y esta participación es posible siempre que la duda
se encargue de interrumpir las fracasadas insistencias de
lo obvio. El despilfarrado tiempo del positivismo, y entonces
arribe a nuestra conciencia la herramienta más eficaz,
la que moviliza, la que nos sacude del esteriotipo, la que
nos abre el camino para romper los cristales del dilema, la
pregunta.
Esa pregunta que convierte a lo absoluto en
un delicioso problema.
Esa pregunta que no comienza y termina en un procedimiento
jurídico.
Una pregunta que viene a encontrarse con otro que ofrece su
saber posiblemente desde otra pregunta.
Esa pregunta, decía, que construye
desde la duda un campo problemático, que tendrá
que ser desenredado con la eficacia de la acción, del
movimiento , del compromiso corporal.
Es solo un ejemplo de dispositivo entre muchas otras opciones.
Es sin duda también una elección, y en toda
elección se juegan aspectos muy intrínsicos
de la subjetividad de las personas.
Es por eso que me parece necesario, inmediato,
urgente, que nos convoquemos a pensar y crear estrategias
en esta dirección, para que sean posible algunos renglones
de este instrumento que nos legitima.
Para que sea posible, por ejemplo, la corresponsabilidad,
y que la complejidad epistemológica se con-funda en
una acción transformadora que de lugar a que los pibes
que co-habitan este territorio y sus familias tengan una vida
digna, con igualdad de oportunidades y puedan ser parte de
la historia de este País, de nuestro País, como
lo que deben ser, los protagonistas.
Entonces podremos decir, con tensa tranquilidad,
que la letra se ha hecho lenguaje.
|