*Publicación digital - Marzo 2009
Año I N°2

 

 

 

Verano violento
Una nota de estación
Por: Valeria Vivas Arce

Hoy parece lejano pero hace solo dos meses la cobertura de algunas noticias relacionadas con la juventud veraneante y sus desbordes, especialmente en las costas selectas de la clase media y media alta, inundaba la plana de los diarios nacionales. El relato siempre cerca de la profecía autocumplida y respetando la tradición de cada verano, "la nota de estación", en su despliegue actual algo devela. En el agrupamiento de acontecimientos, en su puesta en relación con otros, en los silencios, en detalles elusivos presentes en las descripciones y en la delimitación de las causas. Analizar este recorrido nos aporta no solo una mirada acerca de los sucesos sino también cómo se recrean unas ideas acerca de la juventud, la seguridad y los derechos de los jóvenes.

El miércoles, en Pinamar, un joven empleado municipal que se cruzó en medio de una gresca entre jóvenes turistas recibe un botellazo, tirado desde un primer piso, que fractura su cráneo. El jueves, en San Bernardo, un joven es degollado en la puerta de su casa luego de haber mantenido una discusión en un boliche. El viernes, un joven es apuñalado, al defender a una bella modelo brasilera de la grosería de unos colombianos al volante de una supercamioneta. Sin ser tan claro su espacio de pertenencia en la continuidad trágica sostenida por el "otra vez" presente en cada nota, se incluye también otra noticia: en la madrugada del lunes, una chica es abordada en las playas de Las Toninas, le roban y la someten sexualmente.

Los acontecimientos fueron enfocados desde los medios gráficos nacionales como las consecuencias del descontrol juvenil, un todo indescifrable, un principio sui generis cuyo destino está acelerado por el consumo excesivo de alcohol, la exploración desmedida de su sexualidad, la falta de límites paternos y la impotencia en las medidas de control de las agencias pertinentes.

Ante este panorama, los vecinos de San Bernardo marcharon pidiendo "más seguridad", a raíz de la muerte del joven por un corte en su garganta. Y, en el recuento de la seguidilla de tragedias, vinieron a cuenta noticias de distinta índole cuya relación con el tema central era diversa. Se retomó como antecedente una nota publicada escuetamente por algunos medios a principios de enero en la que se relataba una pelea entre 16 jóvenes enfrentados en dos grupos que comenzó en el complejo bailable Ku y terminó en la comisaría de Pinamar, donde tres de ellos habían llegado para hacer la denuncia, con el saldo de una triple fractura del tabique nasal y que concluyo sin detenidos. Se expusieron como agregados de las notas similares, casos de otro joven apuñalado y de otro con fractura de cráneo. Los motivos que aparentemente llevan a estas agresiones son, cuanto mucho, un insulto a la inteligencia. El tema fue utilizado para reforzar el clima de inseguridad fogoneado por los medios. Por caso, una nota referida al robo y toma de rehenes en Mar del Plata fue relacionada directamente con el pedido de los vecinos de San Bernardo.
Llamó especialmente la atención, los dichos del jefe de policía de Pinamar, el comisario Juan Tedesco, "Le juro que no veo la hora de que termine enero -confiesa- Todas las jornadas son una odisea: empezamos con la previa, que dura desde las 21 hasta las dos de la mañana, seguimos luego en la puerta de los complejos bailables y al amanecer tenemos la desconcentración de los adolescentes, que suele ser caótica, hacia el centro, hacia los barrios, hacia las playas. Le miento si le digo que la situación está domada."(1) Un día después declaró, "Es difícil para un policía, porque al chico no lo podés detener por eso, y vos estás viendo que se está lastimando"(2). Poca imaginación la demostrada por los dichos y el accionar de la policía que parece limitar sus métodos de resguardo a detenciones y disparos. Como fuerza de seguridad debe brindar orden haciendo uso de otras herramientas. Como primera idea, pueden utilizar de la palabra mediando en los conflictos, más aún cuando éstos ponen en peligro a los involucrados, a los transeúntes y limitan el aprovechamiento del espacio público.

Las voces de cada sector involucrado, según el relato de los medios gráficos, fueron algunos padres que veraneaban en Pinamar, profesionales psicólogos, titulares de Organismos no Gubernamentales y el jefe local de policía. Todos ellos coincidían en una queja sobre la dificultad de poner límites de parte de los padres y del Estado. La voz de varios chicos se escuchó aunque sin profundidad. Todos apelaban a la responsabilización y a la puesta de límites de los jóvenes, desde la impotencia. Graficando este escenario, apareció el gobernador de la provincia de Buenos Aires quien se corrió de su lugar de responsable máximo de implementar y diseñar políticas públicas, y asumió el lugar de padre de familia aconsejando a los jóvenes que se cuiden en uno de los pasajes de su suerte de sermón. Este gran tema fue rozado, como decíamos más arriba, con cierta idea de inseguridad. Justamente, algunas noticias relacionadas con robo a turistas y desvalijamiento de domicilios fueron relacionados directamente, en su redacción, con el pedido de los vecinos de San Bernardo.

En estas declaraciones se puede ver claramente lo que los académicos advierten acerca del peligro de tener distintas miradas hacia la juventud. Esta mirada que podríamos catalogar de impotente se contrapone a otra, una represiva que se destina a otro sector social al que se lo detiene ante una sospecha, se lo priva de libertad aunque no pese medida judicial sobre él o ella y, entre otros abusos, se lo reconoce como "menores". Así, el modo en que vemos y que nombramos aquello que vemos guía nuestras prácticas. Estos chicos que pueden veranear en Pinamar o en San Bernardo son hijos de alguien al que se puede apelar, ¿y los otros? Aquellos que son detenidos, internados, prisioneros sin condena ¿no tienen familia? ¿No tienen historia? ¿Ni tienen los mismos derechos?

Las reflexiones sobre la juventud y sus modos de vinculación, aún las motivadas por cruentas noticias policiales, no deben realizarse solo ajustadas a los tiempos editoriales en desmedro de la calidad informativa. Informes internacionales alertan sobre la tendencia mundial a analizar la violencia tomando como factor clave a los jóvenes, tanto en el origen o la persistencia de esta, y cómo de este modo se genera desconocimiento acerca de los aportes positivas a la paz social que ellos realizan. Además del hecho de que esta realidad creada por la manipulación de la información rompe los lazos que vinculan a los distintos miembros de la sociedad generando temor, discriminación y odios. Pensemos dos segundos la propuesta del secretario de seguridad de Pinamar, la puesta en funcionamiento de un sistema de tarjetas magnéticas como método de control y registro de ingreso y permanencia al partido, de jóvenes entre 15 y 30 años. Factores que inciden en la tendencia a cerrarse espacios de proximidad porque ya no se está seguro porque el enemigo está entre nosotros.

Entonces, no debemos creer que todo es lo mismo. La violencia como fenómeno social no está exclusivamente determinada por un sector sino más bien atraviesa todos los sectores y no sólo se ejerce a puñaladas. Tratemos cada caso con el rigor que se merece, estableciendo fronteras, tratando de determinar las justas causas. La noción de juventud está referida al pasaje de la niñez a la vida adulta relacionada con ciertos ritos de iniciación que no son idénticos en cada género ni en cada clase social. En las cuestiones atinentes al ejercicio de la violencia en las costas bonaerenses, el factor económico y cultural como regulador de la nocturnidad, del consumo de alcohol y de la ostentación de poder (y su correlato de impunidad) aparece silenciado de los análisis que las noticias promovieron.

Enlaces documentales:

* Testimonios televisivos" Dailymotion" (Video)

* Violencia en la Costa: Scioli reclamó mayor "responsabilidad" en los jóvenes "Clarin.com"

(1) Crítica 29.01.09
(2) Crítica 09.02.09