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"No
se puede encerrar a todos. Hay que buscar otra salida, esto
es así".
Reportaje
a Edith Perez
Licenciada en Psicologìa, Decana de
la Facultad de Psicología (UNLP)
En el último boletín
de Aquí Estamos hemos presentado un análisis
del desarrollo de las políticas públicas provinciales
dirigidas a la niñez a partir del recorrido institucional
del área de gobierno que abordó el tema desde
1983 a la fecha. Nos interesa conocer las vivencias de una
persona que transitó esos espacios, que vivió
algunos de esos procesos desde distintos lugares. Nos interesa
saber cómo fue mutando el área y las prácticas,
cuáles son los hitos importantes.
- En julio del 1984, ingresé
a lo que era el Ministerio de Acción Social, en la
Dirección de Planeamiento. Estuve mucho tiempo en esa
dirección dedicada a otras cuestiones. Hasta que me
convoca Morlacchetti que había ido como Director Provincial,
pero tuvo unas diferencias con la gestión, renunció
y se fue.
Luego, en la gestión de Bravo en el Ministro de Acción
Social y Fernández Pastor en la Secretaría de
Menores y Tercera Edad, de donde dependía la Dirección
de Menores. Me convocan, en ese momento a trabajar con Marta
Villegas, Directora Provincial, una mujer de Buenos Aires
y que había trabajado mucho en el Consejo Nacional.
Yo me hago cargo de la Jefatura de Institutos Penales que
en ese momento se llamaba de Reeducación.
En el gobierno de Cafiero, vuelve Morlacchetti y vuelvo a
trabajar con él.
Luego, se produce un cambio de gestión, llega Tagliafico
como ministro. Una gestión muy complicada, desde mi
punto de vista, muy negociada con los gremios, básicamente
con el SOEME que puso mucha gente en esa gestión.
Me voy a trabajar a (Departamento de) Registro (y Ubicación).
Ahí, estuve 6 o 7 años. Fui a trabajar en el
equipo técnico. Desde lo personal, tuvo sus aspectos
buenos y otros no tan buenos. Por ejemplo, para muchos no
estaba clara la función de los profesionales; un jefe
de Registro de esa época decía que los del equipo
técnico no servían para nada, entonces no me
derivaban casos, no se evaluaba. Hasta que, en un cambio de
gestión, me parece que es el primer gobierno de Duhalde,
cambia la jefa, una persona con trayectoria de muchos años
en "Menores". Entonces, empezamos a trabajar diferente,
más libremente. Siempre con el drama de las vacantes.
En el 95', me voy del Consejo, por dos o tres años,
al Consejo de la Familia. Después volví, cuando
estaba María Laura Leguizamón, y ya ahí
me quedé hasta jubilarme.
-. La institución estuvo
bajo la órbita del Ministerio de Acción Social,
de Salud, fue Consejo. Las distintas pertenencias institucionales
¿qué dificultades cotidianas trajo?
- Cuando perteneció a
Salud, tenía la cuestión administrativa. Todo
se remitía a la Subsecretaria. En cuanto a las decisiones,
para Salud, Menores era como un cuerpo extraño. A Pacheco
(Ministro) le complicaba tenerlo. Ellos tenían una
muy buena actitud, acompañaban muy bien a la gestión.
En cuanto al Consejo, convengamos que nunca fue un consejo.
No era que se constituía en Consejo. Había un
presidente del Consejo, que tomaba decisiones y había
Consejeros que se hacían cargos de áreas. Yo
trabajé muy cerca de María Laura (Leguizamón)
y esto estaba instalado.
La etapa de la Subsecretaria (de Minoridad) la viví
desde un instituto, la viví en el Concepción
Arenal, un Centro de Contención, así que yo,
un poco hacia lo mío y punto. En todo lo que pude ayudarlos,
los ayude. Y este canal que se abrió de ayuda era porque
no tenía directivas de nadie. Cada institución
quedaba, por lo menos hasta hace tres años en que me
jubile, en el buen criterio de la gente que la dirigía.
Hay cosas que no se arreglan con el buen criterio. Yo no vi
llegar, salvo en una situación de un pibe que se puso
mal en el Concepción, en los tres años que estuve,
no vi llegar a ningún funcionario. Esto es un dato.
Lo que se ha ido deteriorando es que no hay un respeto técnico
por las personas que están en la función. O
sea, la gente siente que los que están no saben nada
o saben muy poco. Esto es lo que se escucha, desde afuera.
Digo hasta donde yo estuve, yo en el 2006 me fui. Ahora no
podría decir nada.
- Cómo era el estado
de las instituciones penales cerradas en esa época?
-Era una época muy problemática.
En el Almafuerte, por ejemplo, había pibes muy pesados.
No era el edificio de ahora, no eran celdas unipersonales,
sino que eran grupos de 4, otros de 3 y solamente en las puntas
eran unipersonales. El actual está todo remodelado
porque el viejo edificio se destruye en un motín.
Yo me acuerdo haber ido a contar población a las 23:30
al Almafuerte por las denuncias de que los chicos salían.
Me acuerdo una situación, un grupo de chicos se fue
y en el colectivo 561 le robaron el sable a un cadete de la
policía; entonces, hicimos una requisa buscando el
sable. Finalmente apareció.
Esto era posible porque tenían acuerdos con el personal.
Una vez, llegué a las once de la noche, a contar población
porque teníamos esta dificultad. Voy llegando y veo
el Almafuerte, era un arbolito de navidad, estaba todo iluminado.
Cuando llego, entro y la guardia me demoraba. Yo les decía:
"No me paren, abran las rejas" e iba entrando; y
un pibe, conocido por lo problemático, me dice "Esto,
a esta hora, no es un lugar para usted'. (Risas) Y yo les
decía, "Párense que los voy a contar",
y otro pibe me dice, 'No nos cuente, porque hoy estamos todos".
Se vivían muchas situaciones, muy conflictivas, pero
lo que no tuvimos fue un gran motín durante esa primera
época. Después sí, tuvimos ya una situación
de un motín, estando Morlachetti. Para que ustedes
tengan una idea, no había teléfono en el Almafuerte,
nos comunicábamos por la radio de la gobernación,
por el sistema de radio de gobernación. Así
que había una situación de cierto aislamiento
de la gente a la noche.
Todo esto era pre-convención. Teníamos dificultad
con el personal en el trato de los chicos, algunas veces que
se les iba la mano con los chicos. No muy diferente a lo que
pasó después, de las cosas que yo tengo vistas
esto se ha sostenido después. Iban a aislamiento, en
las puntas. Había que sacarlos tal vez a comisaría.
Nosotros siempre trabajando en una línea de buen trato.
Firmeza pero buen trato.
-La ratificación de
la Convención de los Derechos del Niño ¿modificó
el estado de la situación en lo que respecta a lo cotidiano?
-No, no había cambiado
nada. Teníamos capacitación, pero no
mirá,
yo tengo alguna opinión respecto al tema, me parece
que el sólo hecho de la Convención, si vos no
creás los dispositivos, no instala nada. Este es el
gran problema de la ley en este momento, que no hay nuevos
dispositivos.
Entonces ni están los nuevos dispositivos ni está
la gente preparada para los nuevos dispositivos. Esto es lo
que veo con cierta distancia. En este sentido, se puede crear
el Consejo Zonal o el Consejo Local o como se llame en la
ley, pero si se sigue trabajando desde el dispositivo tutelar,
está medio complicado. A veces, hay que trabajar desde
ahí porque no están previstas las instituciones
para otra cosa.
-En este recorrido que hiciste
¿como evalúas en este momento la impronta del
poder judicial?
-El poder judicial ha tenido
una cuestión, no de intromisión porque le corresponde,
pero sí ha invadido el espacio del órgano ejecutivo.
Ha dado órdenes en aquello que debe ser acordado. Esto
con los juzgados de menores fue así. En mi experiencia,
cuando yo fui jefa de Registro e incluso cuando estuve en
la (Dirección Provincial) Tutelar. Es que si uno a
algunos jueces, con criterio y con firmeza, les discute, ellos
rebobinan
aun los más complicados. Pero hay que
pararlos.
El poder judicial avanzó sobre debilidades de la institución
del ejecutivo, ocupó espacios que la institución
fue dejando y además hay una figura fuerte, en el dispositivo
tutelar, de un juez de menores, con poder discrecional, que
se siente como un padre de familia.
Era permanente, mientras estuve a cargo de Registro y después
en la Tutelar, nos decían, "Te voy a iniciar juicio
por incumplimiento de la función", cuando borraron
el desacato empezaron a caer con esto. Además creo
que siempre hubo el problema de las vacantes en la institución,
y que el tema de las vacantes originó grandes distorsiones.
En la época pos convención, al seguir trabajando
en los juzgados con la ley del dispositivo tutelar, seguía,
por una parte, el uso discrecional y, por otra, el encierro
como permanente solución. Creo que éste es el
problema central del dispositivo, que la única alternativa
en lo tutelar sea el encierro, aquello que en la Convención
queda como recurso de última instancia por la menor
cantidad de tiempo posible.
En la época que estuve en Registro, se producían
45 ingresos diarios, porque nosotros trabajábamos lo
penal y asistencial, todo junto. Era una desesperación
para encontrar los lugares. Y ahí empezó otro
tema, el de los alojamientos. La famosa categoría de
alojados. '¿me alojás este?', 'me lo alojas
hasta mañana y después vemos?', ' y vos mañana
me lo vas a sacar'. Todo un tratamiento del chico como un
objeto. No hecho con mala voluntad ni con mala intención,
pero era así, la desesperación por encontrarle
un lugar al pibe.
De lo que más hablo es de los chicos con causas penales,
de los chicos en conflicto con la ley penal porque es lo que
más trabajé, más conozco, pero me parece
que el problema central es el problema de los dispositivos
y de la cabeza de la gente que trabaja con los pibes.
- En este sentido, si uno
tuviera que plantearse en punto cero dónde arranca
una reforma, ¿Cuáles serían los acuerdos
o las pertinencias que deberían acordar el poder judicial
y el poder ejecutivo?, por un lado. Y, por otro, ¿Cómo
te imaginás que debería iniciarse un proceso
de reforma donde se articule la creación de dispositivos
con una revisión profunda de las prácticas del
trabajador incluyendo a los profesionales?
-La primero, me parece que el
Estado, el gobierno, tendría que sacar un régimen
de retiro voluntario y jubilaciones anticipadas. Jubilar gente,
hay que sacar gente que ya no quiere más lola y que
no va a poder trabajar.
Hay espacios donde va la gente a cumplir horario, todos los
días y no hay más pibes. Eso imagínate
que es humillante para la gente, hay que encontrarle una salida.
Y después facilitar alguna cadena de pases a otros
lugares del gobierno provincial.
Luego, viene toda una ingeniería institucional. Hay
que armar las nuevas instituciones, más simétricas,
más participativas, horizontalizadas las relaciones.
Es muy difícil crear independencia en los chicos, responsabilidades,
capacidad de decisión, si uno le dice a qué
hora se va a levantar, a qué hora se va a acostar,
a qué hora va a comer y no lo deja tomar ninguna decisión
dentro del establecimiento. Como entrena eso, ¿no?
Y la otra cosa que me parece central, es el trabajo con políticas
sociales. Creo que la única prevención posible
en la prevención del delito es el trabajo en políticas
sociales fuertes, en comunidad con referentes.
-¿Vos crees que es
necesario separar el área penal de lo asistencial en
un proceso de esa naturaleza?
-Yo creo que no tiene que haber
pibes asistenciales en encierro. Punto central. Creo que tiene
que haber un régimen de responsabilidad penal juvenil,
aplicado. En el Poder Judicial hay gente que está muy
bien formada para estar en estos lugares, por ejemplo Cacivio,
y otra que hace lo que puede. Creo que a esto hay mejorarlo.
Lo asistencial hay que trabajarlo con programas comunitarios.
No puede seguir habiendo asistenciales adentro, salvo alguna
situación de excepción. Y me parece que falta
mucho trabajo con la familia, donde la familia pueda contener,
acompañar, tener la presencia de alguien que va acompañando,
tener los recursos económicos. Es lo que haría.
-Edith, hubo dos momentos
de aprobación de dos leyes, para algunos parecidas,
para otros diferentes, nos referimos a la 12.607 y la 13.298,
que ambas tuvieron un trámite muy conflictivo. Más
allá de las características legales que pueden
obstaculizar la implementación, ¿cuales pensás
que son los factores de poder, o los factores corporativos
asociados al tema de la niñez en la provincia que han
hecho que estas leyes hayan sido tan resistidas?
-Me parece, por una parte, que
los chicos y las chicas en esta provincia le han dado de comer
durante años a un montón de gente. La gente,
por lo menos desde ahí, los debieran haber respetado,
porque les dan de comer. Me parece que ha habido momentos
en que los gremios han sido un obstáculo. Yo no sé
cómo estarán ahora, pero una vez discutí
con un representante gremial un tema, y me dijo, 'a mi no
me reclames nada porque ese lugar del cual vos hablas es de
tal otro sindicato'. ¿Por qué? Porque estaba
la recaudación, y esto distorsiona todo. La recaudación
sobre las horas extras, la recaudación sobre los viáticos.
Me parece que esto sostuvo todo un espíritu corporativo
sostenido en lo económico. Porque si 'yo a vos te doy
pero yo a vos te cobro', se establece un vínculo de
dependencia. Yo te digo 'te voy a dar 30 horas extras, de
esas 30 vos me tenés que dar a mí, para el gremio,
pongamos el 25 %, de lo que cobras'. Se crea un vínculo
de dependencia, siendo que el dinero se necesita. Es una forma
de tener a la gente entrampada en una situación. Me
parece que eso fue complicado, porque yo soy muy respetuosa
de los derechos de los trabajadores pero me parece que los
derechos de los trabajadores están junto a los derechos
de aquellas personas a las que uno tiene que asistir y para
eso le pagan. Bueno eso me parece uno de los obstáculos.
El otro obstáculo es el Poder Judicial que, en la figura
de los jueces de menores, ha sido durísimo. Porque
ellos pierden mucho poder. A veces había decisiones
casi caprichosas. En el Almafuerte, tuvimos un chico durante
muchísimo tiempo que, en el interior de la provincia,
había cometido un hecho de resonancia pública.
No había espacio para sacarlo, porque no estaba hecho
el muro periférico y el pibe estaba siempre adentro.
Un chico mayor de 18. El pibe pedía por favor "sáquenme
de aquí, porque yo en la cárcel voy a estar
mejor que acá", y tenía razón. Pero
el juez no lo sacaba. El pibe ya estaba de color azul, no
veía el sol. Tenían todas estas arbitrariedades.
Me parece que la cuestión del poder judicial es muy
complicada, sobre todo en algunos casos, con algunos jueces.
A veces te daban órdenes permanentemente, a veces con
algunos se podía hablar. Y además el régimen
cerrado por la presión de las fugas se convirtió
en un refugio para parar las fugas, y esto no debería
ser. Ha tenido tantas distorsiones el sistema.
-¿Qué poder
tienen los funcionarios para destrabar esos obstáculos?
-Creo que se pueden resolver,
pero corrés muchísimos riesgos de que se caiga
una gestión. Fue lo que nos paso a nosotros. Tuvimos
que irnos en el momento en que nosotros decimos "sacamos
todos los viáticos", o sea sacamos una caja de
un lugar para ponerla en otro donde la íbamos a tener
controlada nosotros. El gobernador firma esa disposición
y nos volantean en todas partes, y nos acusan de violaciones
a los derechos humanos, negocian con (Interventora del Consejo
del Menor) Lima y nos tuvimos que ir. Saliendo en todos los
diarios, diciendo que habíamos permitido ciertas cosas
en el Almafuerte.
Se puede, pero lo hay que tener es respaldo político
y que no te traicionen por la espalda, esto es así,
si por la espalda te van a clavar un cuchillo, mejor
-Con el paso del tiempo, fueron
cambiando las instituciones cerradas ¿Qué reflexión
te merecen esos cambios? Se tiene la visión de un sistema
de crueldad que se pretende humanizar, lo cual plantea que
el pasado ha sido aún más cruento, ¿esa
visión se condice con la experiencia que vos tuviste?
-El encierro nunca es bueno.
El encierro en términos de estrategia social no dio
resultados salvo para que la señora este más
tranquila en la calle, pero para lo que se propuso, por lo
que se encerraba, históricamente no dio resultado.
Creo que hubo cambios al interior de las instituciones. No
sé si era tan terrible antes, se hacía cosas
dentro de otros encuadres. Me parece que algunas veces un
sector, un sector difícil, es el sector de los profesionales,
muy duro. Me parece que la Universidad tiene ahí una
asignatura pendiente. Pensando en otros procesos de apertura
del encierro, como la desmanicomializacion u otros programas
penitenciarios y los pos convención para chicos. La
Universidad no provee los instrumentos necesarios para poder
pensar nuevos dispositivos. Entonces, la gente llega a la
institución y hace lo que sabe hacer. Lo que sabe hacer
y a aquello en lo que se siente segura, me parece que es un
problema desde la preparación.
También, debemos ser honestos en reconocer que la provincia
ha invertido a lo largo del tiempo, muchísimo dinero.
Tampoco ha dado los resultados más deseados, pero plata
se puso. Yo no tengo el cálculo, pero me imagino que
en este momento un chico internado le debe salir, $8.000-$9.000
a la provincia. No es solamente una cuestión de financiamiento,
ni de buenos sueldos solamente. Hay gente que puede ganar
muy buenos sueldos, o no tan buenos, y sin embargo no tiene
el menor interés, esta ahí porque es el trabajo
que consiguió. Vos podes ir a Agricultura por el trabajo
que conseguiste, pero no podes ir a esta área. Esta
área es un área con dificultad, tiene una cuestión
mínima vocacional, de interés, ponéle
el nombre que quieras. En las expresiones 'estos pibes están
todos perdidos, mira la plata que gasta el estado' y frases
por el estilo, está el desprecio más profundo.
-En tu opinión, ¿Cuál
es fundamentalmente el paso que socialmente debemos dar para
establecer en lo cotidiano lo que se pretende de las normativas
vigentes en correlación con los planteos de la Convención
sobre los Derechos del Niño?
-El tema de la Convención
para que esté bien instalado tiene que tener una gran
movilización social y cultural. No va a salir solamente
por la ley, sino que se tiene que hacer carne en la gente,
en el señor de la esquina. Para que se instale en la
cabeza de la gente cómo se trata a un chico. Los pibes
tienen que ser tratados de otra manera. La mayoría
de los padres pretenden tener un sentimiento de propiedad
sobre sus hijos, no es solamente en los sectores populares.
Hay temas sobre los que opina todo el mundo. Temas técnicos,
pero no se respetan. No escuchas a nadie decir qué
hay que hacer con los pacientes oncológicos, sin embargo
todos saben que hay que hacer con los pibes que cometen hechos
graves. Esto es difícil porque los medios no acompañan,
al revés, culpabilizan a los pibes.
Yo tuve un jefe en menores que decía: 'como yo no voy
a saber si yo he criado a mis hijos'. Entonces, hay que instalar
la Convención pero también hay que instalar
que no cualquiera puede opinar porque no todo el mundo sabe.
Es un tema muy complejo. Se lo sigue impulsando para cosas
muy represivas que van a generar más agresión
todavía.
El otro día tuve una discusión con un taxista
y yo le decía, la solución no es encerrar a
todo el mundo para que queden los buenos solamente afuera.
El taxista se ofendió. Es que no se puede encerrar
a todos. Hay que buscar otra salida.
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