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Tenemos que dejar de hacer lo que sabemos hacer
Por Romeo Lentini
Muchos creen estar pensando
cuando están meramente ordenando sus prejuicios.
David Bohm
Sabemos que estamos ante una nueva legislación
que enuncia nuevas reglas respecto a las modalidades de intervención
con la niñez y adolescencia. Nueva legislación
que enuncia, como uno de sus principios regulatorios, 'la
corresponsabilidad'.
¿Lo sabemos?, al menos hemos sido informados
al respecto. Y ya veremos como los saberes funcionan como
supuestos, como prejuicios, frente a una realidad que no alcanza
a ser pensada por ellos.
Ahora bien, para que la corresponsabilidad
se produzca como práctica, como una manera de operar-intervenir
con los niños y adolescentes de la provincia de Buenos
Aires, se requiere algo más que un acto de enunciación
jurídica. Se requiere una efectuación práctica
de esos enunciados, se requiere que dejemos de hacer algo
que sabemos hacer: institucionalizar-internar-psicopatologizar.
Nuestros haceres se han anudado a cuerpos
de saberes disciplinarios, saberes fundadores de prácticas.
Los saberes sobre los que se han fundado las practicas del
patronato son saberes organizados por lógicas dicotómicas:
lo interno-lo externo; lo privado-lo público; lo psíquico
interno y subjetivo-lo social externo y objetivo. Dicotomía
que produce 'objetos discretos' que serán pensados-estudiados
por cada disciplina, y que producen una manera de pensar lo
'humano' como un campo cuadriculado, donde cada cuadrado se
determina a si mismo, se compartamentaliza. Pero los saberes
tiene consecuencias: implican una puesta en marcha de unos
dispositivos, unos procedimientos, es decir modelan unas prácticas.
Cada quien con su saber, aborda lo que le compete según
se ubique el problema en lo psíquico, lo social, lo
económico, lo escolar.
En esta matriz de pensamiento, la familia
nuclear moderna, es pensada como 'la única' manera
de crianza de los hijos, que pertenece al ámbito privado
respecto al ámbito de lo público, y produce,
determina otro interior: Lo psíquico, la estructura
psíquica.
Lo psíquico subjetivo interior que al ser pensado como
producido SOLO por las determinaciones edípico-familiares,
responsabilizan y/o culpabilizan a los padres por los sucederes
de sus hijos, que al constituirse en objetos de la crianza,
no terminan de constituirse en sujetos responsables.
Manera de pensar la producción de subjetividad(1),
que no solo ha producido practicas y dispositivos en el campo
psi, sino también ha fundado legislaciones y practicas
institucionales que intervenían sobre aquellas 'familias'
que significaban riesgo moral o material para los así
constituidos niños o adolescentes, o se calificaban
como iatrogénicas para su construcción psíquica,
estableciéndose unas practicas jurídico-institucionales
de 'sustitución de los malos cuidados familiares a
los buenos cuidados institucionales'.
Prácticas fundadas en saberes. Saberes que fundan prácticas:
-saberes que saben situar en las figuras parentales 'la causa'
de los problemas de los hijos.
-saberes que saben indagar e interpretar las matrices identificatorias,
las constelaciones o configuraciones adípico-familiares.
-saberes que saben diagnosticar grupos familiares iatrogénicos.
En definitiva, sabemos acerca de 'la familia nuclear'. Sabemos
algo acerca de la exclusión-expulsión. Saberes
que fundan una manera de hacer con los niños o adolescentes
en situación de exclusión-expulsión:
institucionalizar-internar, aunque haya cambiado de nombre
y hoy se llame 'medida de abrigo'.
Para pensar en términos de corresponsabilidad
se requiere desmarcar la producción de subjetividad
de los términos familiaristas - edipianos. Porque pensar
en términos de corresponsabilidad implica pensar la
producción de subjetividad, la producción
de las diversas maneras de habitar el mundo, que no está
determinada únicamente por la familia que contingentemente
nos tocara en suerte, sino producida por una multiplicidad
de elementos discursivos-no discursivos, económicos,
políticos, tecnológicos, significantes, a-significantes.
Pero, además de nuestros saberes, nos
habitan convicciones que en ocasiones privilegiadas hemos
podido ir acuñando en nuestro trabajo. Estoy convencida
que las prácticas que reducen todo suceder de los niños
y adolescentes a lo familiar no están siendo efectivas
o eficaces. Declarar esto no impide su dificultad en percibir
el agotamiento de ciertos saberes para su efectividad.
El no poder pensar el agotamiento de
ciertos enunciados, el no poder elucidar estas dimensiones
de las prácticas profesionales con la infancia y la
adolescencia, sume a los distintos profesionales en la impotencia.
Es así como se produce un estar inerte de los profesionales
atrincherados en sus escritorios, que asume características
gestionarias al reducir su accionar a cumplir con lo
que el procedimiento indica.
Para ello es imprescindible sostenerse en la defensa de lo
propio (en este caso lo propio de la disciplina, del escalafón),
constituyendo lo propio: la tarea, el sueldo, la carga horaria.
Formas de habitar la institución que tampoco pueden
ser pensadas en forma reduccionista, atribuyendo esta sustracción
a las estructuras psíquicas de los profesionales.
Habitar de otra forma la práctica en
estos dispositivos, nos permitiría poder pensar lo
que considero un problema central: cómo, a través
de qué mecanismos, se produce 'eso que hacen los niños-adolescentes
en situación de exclusión y expulsión'.
Aquello que sucedió con los 'chicos de la plaza San
Martin(2)
' fue (¿es?) un acontecimiento que al reducirlo al
tema de la seguridad - inseguridad, a la edad de imputabilidad,
y al apelar, para intervenir, a los dispositivos disciplinarios
conocidos nos perdimos la posibilidad de constituirlo en un
problema a pensar. En producir allí corresponsabilidad.
Esos chicos nos interpelaban, mostrando a través de
qué recursos contaban para EXISTIR. Mostraban que en
situación de expulsión no existían porque
robaban, se drogaban. Porque de hecho eso lo venían
haciendo, pero esto solo constituía un problema para
quienes eran afectados por estos actos.
EXISTIERON cuando los poderes mass-mediáticos les dieron
existencia.
Por supuesto que hay que interrogar la manera en que fueron
pensados. No?.
Si eso que 'hacían esos chicos' se hubiera constituido
en un problema a pensar por las distintas instancias institucionales-políticas-comunitarias,
y no en un problema del que debe dar cuenta el poder ejecutivo,
hubiera sido una situación de producción de
corresponsabilidad. Sabemos que no fue así.
La producción colectiva de un problema
común, que fundaría una comunidad corresponsable
requiere de un movimiento, de interrogar nuestros saberes
que los creíamos certeros, nuestras prácticas.
Implica que nos dispongamos a una apuesta, a arriesgarnos
a destituir saberes que al darnos certezas nos daban garantías,
que hoy devienen pura ilusión, puro supuesto, al resultar
inadecuados nuestros saberes. Porque, en términos de
Silvia Duschatzky(3)
: "El no saber no es mera ignorancia sino una constatación
de que el saber que no dialoga con lo que se presenta no produce
efectos prácticos, no habilita modos subjetivantes
de hacer con lo real. Decíamos, que la impotencia envuelve
a los sujetos. Me atrevería a dar vuelta la afirmación:
no se trata de un mero no saber sino de un saber que no habla,
que no produce actos, no arma lazo, no crea posibilidades
de existencia".
Sin la destitución de las categorías
con las que hemos pensamos e intervenido sobre los niños
y adolescentes en situación de exclusión-expulsión
no podremos efectuar, inventar, crear aquellos procedimientos-operaciones
capaces de, al señalar de R. Bozzolo: "(
)
expandir la vida de ellos y la nuestra, haciendo cosas juntos,
cuidándonos juntos. Este es el desafío que enfrentamos
quienes estamos incómodos, doloridos y muy preocupados
por las condiciones de nuestra existencia. No va a ser posible
defender a la niñez y la adolescencia sino estamos
dispuestos a cambiar nuestra vida."(4)
(1)
Pensamos la producción de subjetividad
como la manera de habitar el mundo.
(2) Durante
el año 2008, un grupo de chicos en situación
de calle, estaban-habitaban la Plaza San Martín, en
la ciudad de La Plata. Durante mucho tiempo efectuaban conductas
vinculadas al robo y al consumo. En el invierno, con el frío
se instalaron en el edificio de la facultad de Humanidades
y de Psicologia. La situación de este grupo sumado
a los actos de robo y consumo, en ese edificio, hizo que algunos
grupos, que luego se llamaron 'autoconvocados' comenzaran
a organizar ollas populares, y solicitaban al estado provincial
que intervenga.En ese momento se sucede un episodio, muy confuso,
donde los chicos son golpeados por un grupo de gente que no
se sabía su procedencia. Este suceso fue tapa de diarios
y noticieros televisivos.
(3) Duschatky,
Silvia: "La educación: una posibilidad en los
pliegues del desfondamiento."
(4) Bozzolo,
Raquel: "Acerca del cuidado de niños y adolescentes
pobres".
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