*Publicación digital - Abril 2009
Año I N°3

 

 



Tenemos que dejar de hacer lo que sabemos hacer
Por Romeo Lentini

Muchos creen estar pensando cuando están meramente ordenando sus prejuicios.
David Bohm

Sabemos que estamos ante una nueva legislación que enuncia nuevas reglas respecto a las modalidades de intervención con la niñez y adolescencia. Nueva legislación que enuncia, como uno de sus principios regulatorios, 'la corresponsabilidad'.

¿Lo sabemos?, al menos hemos sido informados al respecto. Y ya veremos como los saberes funcionan como supuestos, como prejuicios, frente a una realidad que no alcanza a ser pensada por ellos.

Ahora bien, para que la corresponsabilidad se produzca como práctica, como una manera de operar-intervenir con los niños y adolescentes de la provincia de Buenos Aires, se requiere algo más que un acto de enunciación jurídica. Se requiere una efectuación práctica de esos enunciados, se requiere que dejemos de hacer algo que sabemos hacer: institucionalizar-internar-psicopatologizar.

Nuestros haceres se han anudado a cuerpos de saberes disciplinarios, saberes fundadores de prácticas.
Los saberes sobre los que se han fundado las practicas del patronato son saberes organizados por lógicas dicotómicas: lo interno-lo externo; lo privado-lo público; lo psíquico interno y subjetivo-lo social externo y objetivo. Dicotomía que produce 'objetos discretos' que serán pensados-estudiados por cada disciplina, y que producen una manera de pensar lo 'humano' como un campo cuadriculado, donde cada cuadrado se determina a si mismo, se compartamentaliza. Pero los saberes tiene consecuencias: implican una puesta en marcha de unos dispositivos, unos procedimientos, es decir modelan unas prácticas.
Cada quien con su saber, aborda lo que le compete según se ubique el problema en lo psíquico, lo social, lo económico, lo escolar.

En esta matriz de pensamiento, la familia nuclear moderna, es pensada como 'la única' manera de crianza de los hijos, que pertenece al ámbito privado respecto al ámbito de lo público, y produce, determina otro interior: Lo psíquico, la estructura psíquica.
Lo psíquico subjetivo interior que al ser pensado como producido SOLO por las determinaciones edípico-familiares, responsabilizan y/o culpabilizan a los padres por los sucederes de sus hijos, que al constituirse en objetos de la crianza, no terminan de constituirse en sujetos responsables.

Manera de pensar la producción de subjetividad(1), que no solo ha producido practicas y dispositivos en el campo psi, sino también ha fundado legislaciones y practicas institucionales que intervenían sobre aquellas 'familias' que significaban riesgo moral o material para los así constituidos niños o adolescentes, o se calificaban como iatrogénicas para su construcción psíquica, estableciéndose unas practicas jurídico-institucionales de 'sustitución de los malos cuidados familiares a los buenos cuidados institucionales'.

Prácticas fundadas en saberes. Saberes que fundan prácticas:
-saberes que saben situar en las figuras parentales 'la causa' de los problemas de los hijos.
-saberes que saben indagar e interpretar las matrices identificatorias, las constelaciones o configuraciones adípico-familiares.
-saberes que saben diagnosticar grupos familiares iatrogénicos.
En definitiva, sabemos acerca de 'la familia nuclear'. Sabemos algo acerca de la exclusión-expulsión. Saberes que fundan una manera de hacer con los niños o adolescentes en situación de exclusión-expulsión: institucionalizar-internar, aunque haya cambiado de nombre y hoy se llame 'medida de abrigo'.

Para pensar en términos de corresponsabilidad se requiere desmarcar la producción de subjetividad de los términos familiaristas - edipianos. Porque pensar en términos de corresponsabilidad implica pensar la producción de subjetividad, la producción de las diversas maneras de habitar el mundo, que no está determinada únicamente por la familia que contingentemente nos tocara en suerte, sino producida por una multiplicidad de elementos discursivos-no discursivos, económicos, políticos, tecnológicos, significantes, a-significantes.

Pero, además de nuestros saberes, nos habitan convicciones que en ocasiones privilegiadas hemos podido ir acuñando en nuestro trabajo. Estoy convencida que las prácticas que reducen todo suceder de los niños y adolescentes a lo familiar no están siendo efectivas o eficaces. Declarar esto no impide su dificultad en percibir el agotamiento de ciertos saberes para su efectividad.

El no poder pensar el agotamiento de ciertos enunciados, el no poder elucidar estas dimensiones de las prácticas profesionales con la infancia y la adolescencia, sume a los distintos profesionales en la impotencia. Es así como se produce un estar inerte de los profesionales atrincherados en sus escritorios, que asume características gestionarias al reducir su accionar a cumplir con lo que el procedimiento indica.
Para ello es imprescindible sostenerse en la defensa de lo propio (en este caso lo propio de la disciplina, del escalafón), constituyendo lo propio: la tarea, el sueldo, la carga horaria. Formas de habitar la institución que tampoco pueden ser pensadas en forma reduccionista, atribuyendo esta sustracción a las estructuras psíquicas de los profesionales.

Habitar de otra forma la práctica en estos dispositivos, nos permitiría poder pensar lo que considero un problema central: cómo, a través de qué mecanismos, se produce 'eso que hacen los niños-adolescentes en situación de exclusión y expulsión'.
Aquello que sucedió con los 'chicos de la plaza San Martin(2) ' fue (¿es?) un acontecimiento que al reducirlo al tema de la seguridad - inseguridad, a la edad de imputabilidad, y al apelar, para intervenir, a los dispositivos disciplinarios conocidos nos perdimos la posibilidad de constituirlo en un problema a pensar. En producir allí corresponsabilidad.
Esos chicos nos interpelaban, mostrando a través de qué recursos contaban para EXISTIR. Mostraban que en situación de expulsión no existían porque robaban, se drogaban. Porque de hecho eso lo venían haciendo, pero esto solo constituía un problema para quienes eran afectados por estos actos.
EXISTIERON cuando los poderes mass-mediáticos les dieron existencia.
Por supuesto que hay que interrogar la manera en que fueron pensados. No?.
Si eso que 'hacían esos chicos' se hubiera constituido en un problema a pensar por las distintas instancias institucionales-políticas-comunitarias, y no en un problema del que debe dar cuenta el poder ejecutivo, hubiera sido una situación de producción de corresponsabilidad. Sabemos que no fue así.

La producción colectiva de un problema común, que fundaría una comunidad corresponsable requiere de un movimiento, de interrogar nuestros saberes que los creíamos certeros, nuestras prácticas. Implica que nos dispongamos a una apuesta, a arriesgarnos a destituir saberes que al darnos certezas nos daban garantías, que hoy devienen pura ilusión, puro supuesto, al resultar inadecuados nuestros saberes. Porque, en términos de Silvia Duschatzky(3) : "El no saber no es mera ignorancia sino una constatación de que el saber que no dialoga con lo que se presenta no produce efectos prácticos, no habilita modos subjetivantes de hacer con lo real. Decíamos, que la impotencia envuelve a los sujetos. Me atrevería a dar vuelta la afirmación: no se trata de un mero no saber sino de un saber que no habla, que no produce actos, no arma lazo, no crea posibilidades de existencia".

Sin la destitución de las categorías con las que hemos pensamos e intervenido sobre los niños y adolescentes en situación de exclusión-expulsión no podremos efectuar, inventar, crear aquellos procedimientos-operaciones capaces de, al señalar de R. Bozzolo: "(…) expandir la vida de ellos y la nuestra, haciendo cosas juntos, cuidándonos juntos. Este es el desafío que enfrentamos quienes estamos incómodos, doloridos y muy preocupados por las condiciones de nuestra existencia. No va a ser posible defender a la niñez y la adolescencia sino estamos dispuestos a cambiar nuestra vida."(4)

 

(1) Pensamos la producción de subjetividad como la manera de habitar el mundo.
(2) Durante el año 2008, un grupo de chicos en situación de calle, estaban-habitaban la Plaza San Martín, en la ciudad de La Plata. Durante mucho tiempo efectuaban conductas vinculadas al robo y al consumo. En el invierno, con el frío se instalaron en el edificio de la facultad de Humanidades y de Psicologia. La situación de este grupo sumado a los actos de robo y consumo, en ese edificio, hizo que algunos grupos, que luego se llamaron 'autoconvocados' comenzaran a organizar ollas populares, y solicitaban al estado provincial que intervenga.En ese momento se sucede un episodio, muy confuso, donde los chicos son golpeados por un grupo de gente que no se sabía su procedencia. Este suceso fue tapa de diarios y noticieros televisivos.
(3) Duschatky, Silvia: "La educación: una posibilidad en los pliegues del desfondamiento."
(4) Bozzolo, Raquel: "Acerca del cuidado de niños y adolescentes pobres".