*Publicación digital - Agosto 2009
Año I N°4

 

 

Proyecto de Ley de Responsabilidad Penal Juvenil

Avance o retroceso?:
Por: Marcelo De Biase

Presente y Pasado

La creación de un Régimen Penal Juvenil (RPJ) es una vieja deuda de la democracia argentina, que hasta la fecha rige su trato con los adolescentes en conflicto con la ley con instrumentos legales inconstitucionales.

Los decretos leyes de facto sancionados por la dictadura militar en los años 80 sustentan las decisiones de muchos magistrados sobre la situación de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal; y han ocasionado muchas aberraciones en nombre de la justicia. El régimen actual, sostenido en el decreto ley 22278 y 22803 ha contribuido a forjar un sistema represivo, violento y arbitrario, en el cual sobresalen por su notoria ausencia los derechos de los jóvenes.

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Hace pocos días el Senado de la Nación dio media sanción a un proyecto de ley de creación de un régimen penal juvenil. Aprobaron una propuesta que resulta, en principio, de un mix de proyectos de oficialistas y opositores.

Estas notas desean estimular la reflexión del público acerca de la propuesta, evitando consideraciones técnicas y poniendo en primer plano algunos criterios políticos de cómo se abordo el tema.

A fines del año 2008 y ante la presentación mediática de un caso puntual, el gobernador Daniel Scioli propuso bajar la edad de imputabilidad, así en crudo, como respuesta a un supuesto clamor popular. Como respuesta se despertaron voces cuestionadoras del arco político y social, dentro y fuera del partido de gobierno. Algunos medios y sectores políticos salieron a fundamentar la medida a través de confusas editoriales y datos falseados.

El tema fue arrastrado por los vientos veraniegos, pero cada tanto y también a raíz de hechos puntuales, los medios pusieron el tema en agenda y los legisladores comenzaron a debatir quién tenia la culpa de no haber derogado el Régimen Penal de la Minoridad. Los circuitos del debate fueron controlados por los medios y los opinadores públicos, los todólogos argentinos que livianamente dan su reflexión al pueblo, incluso, incurriendo en apología del delito.

Pasadas las elecciones el senado da media sanción a un proyecto de ley que debe pasar por diputados. La forma en que se dio el debate, el origen de la propuesta y las consecuencias hablan de la liviandad de cómo se abordan temas tan complejos en nuestro país. Sesgadamente, en base a datos falsos y a puro motor mediático esta ley, que si bien es un avance significativo, contiene un pecado original: la propuesta central de bajar la edad de imputabilidad. Para ello se inventó una realidad absurda: un país sitiado por pibes chorros, agazapados para atacar.

Se oscurecieron temas tanto más importantes, como el hambre, el trabajo infantil, la trata de niñas y niños en las redes de prostitución, el embarazo adolescente y el consumo cada vez mas temprano de nuevas sustancias adictivas. (Ver Barómetro de la deuda social de la infancia - UCA ** documento pdf)

El proyecto del Senado

La lectura del proyecto aprobado en senadores genera una primera sensación: es una propuesta que retoma los principios fundamentales de los tratados de derechos humanos y de protección de derechos de la niñez .Es, sin duda, un avance en materia penal juvenil si lo comparamos con la legislación anterior, sustentada en decretos leyes de la ultima dictadura militar.

Para quienes están en tema, a primera vista parece un proyecto prolijo, con algunas innovaciones, necesario para poner orden en el concierto del sistema federal en materia penal juvenil, ampliando los derechos y garantías de los adolescentes infractores a la ley, dando mayores herramientas de abordaje y fijando penas máximas para reducir los efectos nocivos de la arbitrariedad de algunos operadores judiciales y administrativos.

Establece un amplio abanico de medidas además de la privación de la libertad, establece criterios de alojamiento, clasificación, distribución y derechos de los adolescentes privados de libertad. Exige la especialización de los centros y del personal a cargo de la supervisión de los jóvenes y otros principios establecidos por las normas internacionales al respecto.
Pero la pregunta es: ¿Por qué bajar la edad de imputabilidad? Este aspecto sigue siendo inexplicable, falto de fundamentos empíricos. ¿Qué razón social o realidad fundan la decisión?

Por la forma en que se instaló el debate, y la falta de seriedad con que se presentó en los medios, es razonable que ningún senador de la nación haya querido aparecer en los titulares de los diarios como quienes "no bajaron la edad de imputabilidad". De hecho los titulares del día después rezaban en síntesis: "Los senadores aprobaron la baja de la edad de imputabilidad".

Para quienes clamaban mayor capacidad punitiva del Estado este proyecto será poco, también para quienes querían bajar la edad a los 10 años o aquellos que querían para los niños las mismas penas que un adulto. Más poquito será para quienes clamaban por la ley del Talion.

Este proyecto no satisface las expectativas de la legión de la mano dura, porque ellos evaluarán que amplía derechos y garantías. El problema de cómo se dio el debate es que no se reclamaba justicia para los niños en conflicto con la ley penal, sino puro castigo, venganza, represión y hasta muerte. Por eso esta ley no satisfará la demanda creada desde los sectores más reaccionarios y la campaña de los medios.
Bien se podría haber tratado una ley de creación de un Régimen Penal Juvenil sin necesidad de bajar la edad de imputabilidad a los 14 años.

Algunas voces para el debate

Además de la multitudinaria y plural marcha a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, otras voces se han alzado contra la baja de la edad de imputabilidad.
Claudia Cesaroni, miembro del CEPOC (Ver documento en pdf), realiza un análisis crítico de la propuesta basada en la baja de la edad de imputabilidad. Plantea que bajar la edad es un retroceso que da de bruces con las recomendaciones de los organismos internacionales, y que raramente se puede debatir esto sobre la falacia de que es la única solución. Realiza además una atinada observación sobre la situación de los institutos penales para niños y adolescentes en tanto la incapacidad del Estado para controlarlos y evitar las graves violaciones de derechos que allí se producen todos los días. También plantea que bajando la edad se ataca al eslabón mas débil del crimen organizado, haciendo hincapié en que estadísticamente la participación de niños de entre 14 y 15 años en delitos es ínfima. (Ver Adolescentes en el sistema penal Informe del Ministerio de Desarrollo Social de Nación- UNICEF - Universidad Nacional Tres de Febrero *** documento pdf)

Desde otro ángulo han sido los ministros de la corte suprema Carmen Argibay y Eugenio Raúl Zaffaroni protagonistas un debate con el diputado nacional del bloque del SI, Emilio Gracia Méndez, a raíz de la situación de un grupo de niños inimputables alojados en el Instituto San Martín de la CABA. El eje central de la discusión fue sobre qué tipo de medida fundaba las detenciones y privación de la libertad de esos niños, poniendo sobre el tapete la discusión acerca de la inconstitucionalidad de los decretos 22.278 y 22.803. El saldo del debate no fue la libertad de los niños, sino la cruel y sincera afirmación de la doctora Argibay acerca de lo que podría pasarles a esos niños si fueran liberados. Según la ministra estarían a merced de actos ilegales de las fuerzas de seguridad del Estado o bajo la mano violenta de grupos más afines a la limpieza social que al derecho a la vida.

Mitos y leyendas

La violencia es un fenómeno social complejo. Las medidas tomadas al ritmo de la agenda mediática no resuelven nada y solo generan sensación de alivio y seguridad a cortísimo plazo. Hasta el próximo crimen cometido por un niño que sea repetido 50 veces por día por las pantallas de la teve y la organización del reclamo de venganza que no podrá ser posible, porque esta ley plantea lo contrario.

Hasta la reciente explosión de la supuesta violencia juvenil el tema no estaba en agenda. La forma en que los medios presentaron las noticias y el tiempo que le dedicaron hizo que todo el país hablara de ello. Se escucharon un montón de imbecilidades que cesaron cuando los medios masivos se empezaron a ocupar de cosas más lucrativas, como el dengue, la campaña electoral y la gripe A.

Hay dos mitos particulares que se han construido alrededor del tema: uno es que el Estado no hace, ni ha hecho nada para resolver la llamada delincuencia juvenil; otro es aquel en base al cual muchos creen que hay una edad, o un momento de la vida en el cual uno se hace responsable. Este último se complementa con una idea central, acerca de que la responsabilidad es un ejercicio que se "aprende" con la edad, independientemente de sus condiciones de posibilidad.

Estudiosos de la materia, han demostrado con creces que el Estado ha hecho desastres en la materia a través de su intervención discrecional y meramente represiva, a través de prácticas que han violentado los derechos de la niñez.

El Estado hizo. El encierro como medida de aplicación exclusiva e indiscriminada, los procesos judiciales interminables y sin plazos, las privaciones de libertad por meras sospechas, interacción de niños inimputables, o el encierro por largos plazos de tiempo por razones de índole moral o social, o por carecer de los recursos materiales para su subsistencia que el mismo Estado no le proveía. Estos hechos abusivos e injustos a la vista de cualquiera son decisiones tomadas y sostenidas por personas en uso de los instrumentos legales vigentes con una ideología particular y que han tenido efectos sobre los jóvenes, reproduciendo sus condiciones de vulnerabilidad y marcando a fuego sus vidas.

El Futuro

De aprobarse esta legislación se abre un futuro plagado de desafíos.

Las prácticas institucionales estatales deberán ser revisadas. De aprobarse esta ley deberíamos entrar en un debate más profundo acerca de la responsabilidad del Estado en el abordaje de esta problemática, la necesidad de transformar los dispositivos de atención, la especialización técnica del personal y la inversión en programas de prevención.

También debemos prepararnos para escuchar los reclamos de venganza y represión que se vendrán, por parte de los sectores a quienes esta ley les parecerá garantista, y que ante cualquier delito que tenga como protagonista a un adolescente pregonarán la necesidad de endurecer las penas como método simple para resolver cuestiones complejas.

Tenemos la sensación de haber dado un paso importante hacia delante a partir de un debate que se inició torcido, con ánimos de confundir a la opinión publica y sin espacio para las voces críticas y cuestionadoras de la supuesta necesidad de bajar la edad de imputabilidad.

La sanción de esta ley no salda la deuda de la democracia con la niñez, aparece como una extraña transacción: muy tardíamente se crea un nuevo régimen penal juvenil y al mismo tiempo se retrocede con fundamentos poco convincentes. La refutación a estas argumentaciones a favor de bajar la edad de imputabilidad no han tenido los minutos necesarios en los medios, ni han podido ser instalados en el debate público.

Quizás, y a contramano de los dichos de los expertos, deberíamos ponernos a pensar en cómo proteger a la niñez e impedir que en uso de los argumentos de los sectores progresistas, se alienten propuestas que en lugar de alentar la democratización del acceso a los derechos y la justicia social, pregonan una mayor capacidad punitiva estatal, dejando abierta una puerta que nos puede conducir a la justificación del uso de la represión para resolver conflictos sociales.