*Publicación digital - Octubre / Noviembre 2009
Año I N°5

 

 

Baja de la edad de imputabilidad

Hasta la vista baby

Por: Marcelo Vernet:

John Connor le enseña rudimentos de semántica y pragmática al robot T-800, más conocido como Terminator. Básicamente, lo que el androide aprende es que puede combinar ciertas fórmulas y aplicarlas conforme a las circunstancias y que el contexto es parte indisoluble del significado literal de las expresiones. Las circunstancias de lugar, tiempo y cultura en que se produce el mensaje hacen a su significado. Y Terminator aprende bien la lección, tanto que llegó a ser gobernador del estado de California.

Es así que, sobre el final de la película, en su enfrentamiento mortal con el asombroso androide de aleación mimética T-1000, antes de disparar sobre su oponente le dice, sin dudar, la frase que se hará famosa: "Hasta la vista, baby". En realidad, nadie duda del significado de la afectuosa expresión. El contexto hace que signifique "te voy a destruir"; "quiero que estalles en mil pedazos"; y, por supuesto, "no te quiero ver nunca más".

Esta sencilla lección debería ser aprendida por muchos decisores políticos en relación al tan meneado tema de la baja de la edad de imputabilidad. No voy a referirme en esta nota al fondo de la cuestión, otros con más pertinencia ya lo han hecho. Quiero reflexionar sobre lo que significa hoy, en este contexto, sancionar un proyecto de ley Penal Juvenil que en su articulado incluya la baja la edad de imputabilidad.

Por mucho que se esfuercen en decir que la medida se enmarca y está inspirada en la Convención de los Derechos del Niño, por más argumentos técnico jurídicos o de vaga psicología evolutiva que se esgriman, lo que están diciendo es "disparen contra los pibes". Porque, lo quieran o no, en los términos en que está planteado, no se trata de un problema técnico, ni mucho menos de justicia. Está planteado como un falso camino para resolver el acuciante problema de la inseguridad.

¿En qué contexto nació el tema?

22 de octubre de 2008, Daniel Scioli gobernador de la provincia de Buenos Aires, anuncia en conferencia de prensa su voluntad de impulsar una reforma del código penal para bajar la edad de imputabilidad. "Entiendo que llegó el momento de dar ya un debate, ya sea en el nivel provincial, como a nivel del Parlamento nacional con respecto a la imputabilidad de los menores", afirmó. Fue así, un poco de arrebato. Un día antes, el 21 de octubre, el asesinato de Ricardo Barrenechea había conmocionado a la opinión pública. De las primeras diligencias de la causa, se presume que los autores son menores de edad. Esta circunstancia motiva el anuncio del Gobernador e instala fuertemente el tema en la agenda pública.
Después, presumo que le explicaron con más tiempo que su propuesta de modificar lisa y llanamente el Código Penal era legalmente inviable (salvo que modificáramos la Constitución Nacional) y que lo que había que decir es que se impulsará una ley Penal Juvenil. Que esta ley debía ser nacional ya que a la Nación le compete legislar sobre la materia. Le habrán hecho saber que, para ese entonces, ya existían una veintena de proyectos que dormitaban en el Congreso. Los proyectos, en realidad, están enmarcados en la Convención de los Derechos del Niño, orientados a derogar el ignominioso Decreto-Ley 22.278 de la dictadura militar, aún vigente. Como en alguno de ellos se fijaba la edad de imputabilidad en 14 años, podía ser el atajo para llegar al fin anunciado, la baja de la edad de imputabilidad. Por su parte, la Justicia le recordó que en la provincia de Buenos Aires ya existía un sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, creado por la ley 13.634, recientemente establecido y en pleno proceso de conformación, cuyo principal problema para desarrollarse eran las enormes falencias del Estado de la provincia de Buenos Aires en la materia. Desde el propio gobierno, la entonces subsecretaria de Niñez y Adolescencia, Martha Arriola, en el convencimiento que "la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia no puede ni debe quedar al margen de este debate", opinó que "es preciso avanzar con mayor celeridad en la puesta en marcha de la ley de promoción y protección integral de los derechos del niño, y del sistema de responsabilidad penal juvenil".

El gobernador Scioli, entonces, 12 días después de sus primeras declaraciones pudo decir de corrido: "Yo estoy a favor de este proyecto (se refiere a un proyecto de ley presentado en el 2006 por Vilma Ibarra con el aval de Emilio García Méndez). Y es algo que se debe debatir a nivel nacional. Este tema tiene que ver con profundizar el régimen penal juvenil de la Provincia. Estamos abriendo más institutos en la Provincia. Sabemos que los chicos que llegan a esta instancia necesitan un tratamiento especial. Como dice el proyecto, no estamos hablando del Servicio Penitenciario ni de guardias armados. Estamos hablando de recuperación." (Clarín, 2 de noviembre de 2008).

Poco importaba lo que dijeran los proyectos de ley. Habían salido de su letargo legislativo por los gritos de los que piden "bajar la edad de imputabilidad". Tan es así que a los medios de comunicación, que saben de significados porque son grandes constructores de sentido, jamás se les ocurrió titular una nota "Se profundiza el debate por la ley que garantizaría un debido proceso a los niños en conflicto con la ley penal".

¿Cómo se construyó el debate?

Como al tema se entró por la puerta equivocada (resolver los problemas de seguridad), fueron destacados voceros de este debate el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Carlos Stornelli, y los jefes de la Policía Bonaerense. Sus intervenciones se caracterizaron por una absoluta falta de seriedad al aportar datos estadísticos para dimensionar el problema de la intervención de adolescentes en hechos delictivos. Los datos son vagos y contradictorios. Por este camino se llegó al ridículo de las declaraciones del entonces Jefe de la Policía Bonaerense, Daniel Salcedo quien afirmo que "en 2008 tendremos un millón de delitos cometidos por menores, que no pueden ser detenidos en comisarías" (El Día, 24 de octubre de 2008). Felizmente, a partir de la implementación del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil, contamos con datos más certeros. En el primer semestre de 2009 se registran 13.728 IPP (Instrucción Penal Preparatoria) iniciadas en la provincia de Buenos Aires. Esta cifra involucra a la totalidad de los delitos (amenaza, hurto, lesiones, robo, etc.). Como el Jefe de la Policía en sus declaraciones se refería a "delitos graves, que involucran armas", deberíamos desagregar del total este tipo de delitos. Así nos encontramos que en el primer semestre de 2009 se iniciaron 14 causas por "homicidio en ocasión de robo" y 1.460 por "robo calificado uso de arma" (desde luego estamos hablando de adolescentes de 16, 17 años, penalmente punibles, si nos referimos a menores de 16 las cifras son mucho más exiguas).

El lunes 10 de noviembre se publicaron en los medios declaraciones de la Subsecretaria, Martha Arriola, en las que se refería a las declaraciones del Jefe de Policía: "La inseguridad que vivimos no se resuelve criminalizando a los chicos. Es sólo mirar una porción mínima del problema que en el fondo es la desigualdad, la exclusión, la destrucción de la familia.(…)Es preciso que la policía no brinde cifras irresponsablemente, que sólo sirven para que la gente vea a los chicos como peligrosos. La semana en que el jefe de policía informó erróneamente que había un millón de delitos cometidos por menores creció fuertemente la presión para internarlos". (La Nación, 10 de noviembre). Volvió a insistir públicamente en su diagnóstico y los caminos de solución propuestos al ministro Arroyo: "Al poco tiempo de asumir advertimos que estábamos frente a una situación de emergencia, un problema de enorme magnitud que no es de este gobierno, sino que lleva décadas. Además, heredamos un presupuesto insuficiente. Lo digo y me hago cargo por los pibes, que son los que soportan verdaderamente todo esto. Pronto llegamos a la conclusión de que, con la estructura actual, no estamos en condiciones de enfrentar la catástrofe social que soportan nuestros pibes y que es necesario dictar la emergencia en materia de niñez y adolescencia, y crear un ente autárquico que dependa directamente del gobernador, además de triplicar el presupuesto del área". Ese mismo día, Alberto Pérez, jefe de Gabinete bonaerense afirmó en conferencia de prensa: "Todos lo que estamos alrededor del gobernador Daniel Scioli colaboramos para llevar adelante la política que él propone y a quienes no lo consideren así los dejamos a un lado". Después de once meses de gestión, Martha Arriola dejó su cargo al frente de la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia. Stornelli había pedido su cabeza.

Sobre la base, entonces, de "1.000.000 de delitos cometidos por menores", se construyen afirmaciones tremendistas y se llega a conclusiones temerarias. Stornelli sintetizó claramente su posición "Si en una abstracción mental lográramos sacar del panorama delictivo a los menores y a los reincidentes, seguramente tendríamos una provincia mucho más segura" (Carlos Stornelli, Revista DEF, septiembre de 2008). Existe sobrada experiencia histórica para presumir dónde terminan estas abstracciones mentales. Pero alguien podría sugerir que, tal vez, el ministro se refiere a sacar del panorama delictivo a los menores dando un fuerte impulso a las políticas públicas de promoción y protección de los Derechos del Niño, plasmadas en la ley 13.298. Para despejar dudas, el ministro lo aclara: "es necesario modificar o replantear algunas herramientas legales que entraron en vigor con demasiada premura y sin la suficiente logística como la Ley de Protección Integral de la Minoridad" (…) "Desde que esa ley entró en vigencia la participación de los menores en los delitos es cada vez más frecuente, es cada vez más intensa". (Agencia NA, 24 de octubre de 2008).

Desde luego que estas afirmaciones son tributarias de una ideología muy definida. Pero sabemos que el ministro Stornelli detesta hablar de ideología, tal como lo ha manifestado en reiteradas oportunidades ("Hay algunos jueces que están subordinados a algunas ideologías, cuando en realidad hay que explicarles que la seguridad no sabe de ideologías (…) Creo que es necesario sentarse a hablar seriamente, sin que las ideologías conspiren contra la eficiencia…"). Hablemos seriamente. Todo el discurso sobre la necesidad imperiosa de bajar la edad de imputabilidad tiene un objetivo claro, simple y burdo: encontrar un culpable externo que justifique la ineptitud y el fracaso de la gestión del ministro Stornelli. Nos están diciendo que la culpa de que haya inseguridad en la provincia de Buenos Aires la tienen los pibes menores de 16 años de las barriadas pobres. Y como no tienen una ley que les permita sacar del panorama delictivo a los menores, la inseguridad reina en la provincia.

¿Qué pasó a lo largo de un largo año?

Volvamos al debate que se impuso en la agenda pública a raíz del asesinato de Barrenechea en octubre de 2008 y se reavivó, un año después, cuando el 1º de noviembre fue baleado Fernando Cáceres. A lo largo de este año, otras cuestiones ocuparon la agenda pública y el tema de la baja de la edad de imputabilidad se fue diluyendo.

El 22 de febrero de 2009, el nuevo jefe de la Bonaerense, Juan Carlos Paggi, volvió a soplar la brasa. Recién asumido en sus funciones declaró que Scioli "se puso al frente de la discusión y ha tomado el tema como una política de Estado"."Generó un debate que tiene que ver con la imputabilidad de los menores de edad, esto es público, nosotros estamos acompañando y profundizando esto que el gobernador ha encabezado". No hubo demasiado eco.

En la primera sesión después de las elecciones, el 8 de julio, la Cámara de Senadores de la Nación dio media sanción, en general, a un proyecto de Ley Penal Juvenil. Se presentaba como un Proyecto de consenso. Básicamente, se trata del proyecto que Siolli apoyara públicamente en medio de la tormenta. Fue una aprobación silenciosa, tratando de no hacer mucho ruido. Al día siguiente, como no podía ser de otro modo, la mayoría de los diarios anunció que se daba media sanción a un proyecto de ley que baja la edad de imputabilidad de los menores. El gran tema era la epidemia de gripe A. Los enardecidos defensores de la medida, prácticamente no hicieron comentarios, ni celebraron la novedad. Lo que se dio fue un debate entre especialistas, personas y organizaciones vinculadas a la temática que debatieron si el proyecto en cuestión era un avance, ya que derogaba el decreto-ley de la dictadura y se enmarcaba en los principios de la Convención sobre la materia, o era un retroceso porque, al bajar la edad de imputabilidad se tornaba regresiva y abría la puerta para la criminalización de los pibes pobres.

El proyecto quedó ahí, sin avanzar en su tratamiento legislativo. Por otra parte, el debate por la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ocupó la escena mediática y parlamentaria. En eso estábamos cuando el caso Cáceres reavivó la polémica con fuerza inusitada. Y todo volvió a repetirse como si no hubiera pasado nada. En realidad mucho no había pasado en la provincia de Buenos Aires en relación a este tema, salvo el agravamiento de la inseguridad. De hecho, cuando en agosto de este año asume Baldomero Álvarez de Olivera en la cartera de Desarrollo Social de la Provincia, encuentra un panorama casi idéntico al descripto el año anterior por Martha Arriola. Había pasado la gestión de Cristina Tabolaro y concluido la de Daniel Arroyo. Poco tiempo antes, la Asociación Argentina de Magistrados, Funcionarios y Profesionales de la Justicia de Niñez, Adolescencia y Familia, en una evaluación de la situación del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil en la provincia de Buenos Aires, señalaron los principales problemas para su implementación. Entre otros: déficit en "la articulación con otros Ministerios"; "Alarmante déficit que se presenta en el tratamiento y abordaje de las adicciones de jóvenes alojados en Instituciones de Régimen Cerrado"; "Débil articulado de los Centros de Referencia, recursos insuficientes"; "No cuentan, salvo ciertas excepciones, con capacidad de seguimiento y monitoreo razonable de las medidas judiciales impuestas".

A partir del "clamor popular" volvieron las voces de un año atrás. Como Salcedo había sido removido de la conducción de la Bonaerense, Juan Carlos Paggi tomó la posta. El Jefe policial reclamó el debate profundo del tema, "se trata de una asignatura que, como dijo el gobernador en su momento, debería tratarse como una política de Estado". Y agregó "el vecino sabe que los menores entran y salen, y hay una situación de índole jurídica a la que tienen que atenerse los fiscales, cuestión que debería ser discutida para llegar a una solución". El ministro Stornelli volvió con sus curiosas declaraciones. Instó a que se dé "el debate propuesto por el gobernador Scioli sobre la imputabilidad de los menores". "Nuestro código tiene casi cien años y los menores de hace 80 años no tenían la misma información y los mismos recursos que los de ahora", sostuvo Stornelli. Justamente, los menores de hace 80 años, es decir de la década del '30 del siglo pasado, estaban bajo el imperio de un Código Penal que fijaba la edad de imputabilidad en los 14 años. Yo no sé si es ignorancia, malicia, o el ministro habla porque tiene boca. Sinceramente nos gustaría que nos explicara por qué, durante su gestión, el robo automotor no ha parado de crecer (+ 21,4 % en el conurbano bonaerense). Salvo que nos quiera hacer creer que los pibes menores de 16 años, de la villa Carlos Gardel, de Fuerte Apache o de las villas de General San Martín, manejan las mafias de los desarmaderos o del mercado negro automotor.

Pongamos las cosas en su lugar

¿Qué pasaría si el proyecto de ley Penal Juvenil, que hoy cuenta con media sanción de la Cámara de Senadores, se aprobara incluyendo la baja de la edad de imputabilidad?

  • Que no aportaría ninguna solución al problema de inseguridad. No es su objeto ni su propósito central.

  • Rápidamente el coro de "hay que endurecer las leyes" empezaría su cantinela de que la ley es excesivamente garantista. Que las penas dadas a los adolescentes son muy leves. Que entró en vigencia "prematuramente".

  • Los adultos que manejan y controlan los mercados delictuales comenzarán a reclutar chicos de 12, 13 años para algunos "trabajos". Es probable que crezcan los casos en que estos niños se vean involucrados y nos digan que "los menores de hace 80 años no tenían la misma información y los mismos recursos que los de ahora" y se debe bajar la edad de imputabilidad a los 12 años.

  • La ley caería en un vertiginoso proceso de descrédito social porque "no sirve para nada", ya que le han hecho creer a la gente que iba a servir para encarcelar a los chicos y así solucionar el problema de la inseguridad.

Pero lo más importante es que el mal mayor estará hecho, reforzar un discurso que sostiene falacias y mentiras y desnaturalizar una ley por la que se viene trabajando y peleando desde la recuperación democrática.

Para que la ley diga lo que los legisladores pretenden decir y todos lo entandamos con claridad hay que correrla de este falso eje de debate y colocarla en el contexto adecuado. Para que esto sea posible hay que avanzar en la promulgación de una Ley Penal Juvenil que mantenga la edad imputabilidad en los 16 años. Por este camino, se acomodarán otras circunstancias y responsabilidades en su debido contexto:

  • El problema central de vastos sectores de la niñez argentina es su desamparo y la necesidad imperiosa de desarrollar fuertes políticas de integración comunitaria e inclusión social.

  • Para lograr este propósito, no son la agencia policial y la persecución penal las herramientas adecuadas.

  • Es una falsa opción la que el debate instalado propone, mostrando como alternativas: la persecución penal o la nada. Alguien debe ponerse al hombro a los chicos y no creemos que sea la policía la principal responsable de esta tarea. Otras agencias del Estado y la comunidad deben ser protagonistas de esta misión en que está en juego el presente doloroso de miles y miles de niños y nuestro futuro como Nación.

  • De hecho, el Gobierno Nacional con la universalización de las asignaciones familiares y el lanzamiento del Programa "Argentina Trabaja" que está ya generando 10.000 nuevos puestos de trabajo en el conurbano y, tan importante como eso, organización comunitaria y lazos solidarios a través de la constitución de cooperativas, son un camino cierto, enormemente más eficaz que fantásticas soluciones que apelan a modificar leyes punitivas. Así, el ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires con el anunciado lanzamiento del Plan "Envión" señala un camino que debemos profundizar, impulsar seriamente, a fondo, con prioridad absoluta en la asignación de recursos.

¿Y el ministerio de Seguridad provincial? Que haga seriamente lo que debe hacer. Desarrollar un Plan de Seguridad con eje en la prevención y la participación comunitaria. Poner toda su energía, conjuntamente con el accionar judicial, en la persecución penal de los mercados y mafias delictuales que reclutan pibes como mano de obra barata. Ser una eficaz herramienta del Estado que ayude a disminuir violencia y no la exacerbe con la creación de un enemigo interno, culpable de todo lo que sucede, y un discurso fatuo y vacío que más se parece a una arenga militar a una tropa en combate que a la explicitación de una política pública.

¿Y los legisladores que deben resolver este delicado tema? Les recomiendo que reparen en el contexto en que hablan. No vaya a ser que digan "derechos del niño" y signifique "hasta la vista, baby". Porque entonces, lo que se viene son los tiros, como lo sabemos todos los que ya vimos esta película.