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Nueva
Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual
Comunicación:
¿Común unión?
por Lic. Silvina Morelli-Comunicóloga-UBA
"Si
las palabras se gastaran, si la función que cumplen
como garantía de un encuentro entre los hombres que
no sea solo choque de los cuerpos se agotara, nos quedaríamos
huérfanos de ideas"
Silvia Bleichmar "No me
hubiera gustado morir en los 90"
Con el vertiginoso adelanto tecnológico
de la comunicación, hoy más que nunca los medios
no solo dan cuenta de la realidad sino queson una verdadera
"fábrica de la realidad, a partir de la cual construimos
nuestra visión de mundo y producimos sentido de lo
que sucede en nuestro universo".
Arranque, trayectoria, llegada
Mirando muy lejos en el tiempo, el siglo XVII
parece erguirse como punto de arranque para el desarrollo
de la tecnología, pues desde entonces se produce un
quiebre que cambiaría para siempre la concepción
del mundo, del hombre y de la técnica.
Emergencia del individualismo; pérdida
del fundamento religioso; pasaje del mundo del "aproximadamente"
al mundo de lo tangible, lo observable, lo cuantificable,
en un marco en el que la racionalidad ya envolvía el
conocimiento científico; desarrollo del proceso de
civilización; ascenso con pie de plomo del capitalismo,
que introducirá el dinero como diferenciador social
y las mercancías como objetos de deseo y marca de clase;
surgimiento del mecanicismo, una doctrina que portará
una nueva concepción del cuerpo y hará plausible
su manipulación; introducción de las nociones
de progreso, evolución, urbanismo, higiene y salubridad.
Desde entonces, se potenciarán sin freno los perfeccionamientos
técnicos con viabilidad política y económica
para su desarrollo. Sentadas estas bases la aplicación
tecnológica influyó en todos los ámbitos.
El Siglo XVIII nos regala la llamada Era del
Vapor que hará posible las dos revoluciones industriales.
Con la máquina rotativa de James Watt en 1781, la cual
desde 1782 es aplicada en las minas de carbón, molinos
harineros, hilado de algodón, en barcos, en la propulsión
de locomotoras, para trillar maíz, dragar ríos,
desagotar pantanos y motorizar la producción en fábricas
cambiando inexorablemente los métodos de trabajo. "Asi
se transformo Inglaterra de un país de labradores en
la primara nación industrial del mundo". (Beril
Becker Grandes inventos de la humanidad).
En la misma línea de desarrollo irrefrenable
siguieron los adelantos tecnológicos durante el siglo
XIX. La aplicación de la tecnología influyó
en la producción, los métodos de organización
laboral, los niveles de producción y la velocidad de
los transportes, entre otras cosas. Sin estos cambios hubiese
sido imposible el desarrollo tecnológico tal y como
lo concebimos hoy. La consecuencia inmediata e inevitable
es que se vieron influenciadas las condiciones concretas de
vida de las personas, las relaciones de poder, el acortamiento
de las distancias, la concepción del tiempo, toda una
producción de subjetividades.
Revolución sin freno, medios masivos
y desigualdad
En las últimas décadas del siglo
XX se han producido notables avances tecno-científicos
en todo el mundo. Mediante éstos el hombre puede acceder
a las más diversas formas de tecnología vinculada
a las comunicaciones con las llamadas "TICs" -tecnologías
de la información y la comunicación-.
La revolución de las comunicaciones perdura aún
hoy, y es evidente que no tienen un límite. En lo que
se refiere a los avances concretos, desde la imprenta de Gutenberg,
pasando por la invención del telex y la posibilidad
de navegar en Internet desde un teléfono móvil,
además de la existencia de experiencias de "inteligencia
artificial" mediante logros concretos de la robótica,
muchas cosas han pasado y muchas más pasarán.
Pero lo que es innegable es que estos grandes inventos y adelantos
tecnológicos que parecen no tener fin cambiaron la
relación de los hombres con su cuerpo, entre sí,
con el trabajo y las formas de producción, la economía,
las ciencias, la cultura y la información, produciendo
transformaciones en su vida cotidiana.
En lo que concierne a los medios de comunicación,
la tecnología ha avanzado notoriamente y se ha difundido
a lo largo y lo ancho del mundo, en todos los países
-sean éstos "desarrollados" o no- y en todos
los sectores, niveles o clases sociales.
Si nos centramos en la Argentina, prácticamente no
hay hogares sin televisión, la presencia de la computadora
está cada vez más difundida y hay cerca de 40
millones de celulares.
Pero, en ciertos aspectos la igualdad en la distribución
de estos medios de comunicación sigue siendo despareja.
El acceso a la tecnología y sus productos es desigual.
La modernización constante y los avances casi diarios
"obligan" a consumir siempre lo más actualizado,
los más potente y estéticamente bello, para
que los intercambios sean cómodos, instantáneos,
claros y seguros. Sin exagerar, podríamos decir, que
todos los avances tecnológicos de los últimos
setenta años caben hoy en un bolso de mano, y hasta
en el bolsillo. Por ejemplo, mediante un teléfono móvil
de unos 200 gramos, hoy podemos comunicarnos, filmar, escuchar
música y/o radio y navegar por Internet, además
de ver televisión en aquellos más sofisticados.
Cualquier persona puede tener toda la tecnología
en venta encima todo el día, si tiene el dinero para
comprarlo: despertador, agenda, calendario, alarma, un libro,
las noticias y el horóscopo, si así lo desea.
De cara al siglo XXI la masificación es fenomenal,
aunque el acceso a las nuevas tecnologías de información
y comunicación y, sobre todo, la producción
de contenidos no es para todos. Esa "fábrica"
de la realidad, a partir de la cual construimos nuestra visión
de mundo y producimos sentido de lo que sucede en nuestro
universo no está al alcance de todos y cada uno de
los hombres y mujeres que habitan este mundo.
Vientos de cambio
Si repasamos la historia argentina reciente,
podemos ver la importancia de los avances tecnológicos
y de los medios de comunicación audiovisual en nuestra
vida cotidiana. En este marco, el debate alrededor de la Ley
de Medios y Servicios Audiovisuales que aprobó el Congreso
Nacional el pasado viernes 9 de octubre de 2009 ingresó
en los medios gráficos, radiales y televisivos, como
así también en la arena social y sus espacios
públicos y privados, formales e informales.
La des-información y manipulación de la opinión
pública perpetrada por los grandes concentradores de
medios de la radiodifusión argentina, demostró
una vez más que la información es un producto-mercancía
y como tal responde a ciertos intereses. Dicho esto podríamos
pensar que la propiedad de los medios masivos de comunicación
representa una gran posibilidad de manipulación, una
herramienta tan importante como lo fueron en su tiempo el
telégrafo y los fusiles a repetición para combatir
a los aborígenes en nuestro país.
El poder manipulador -para Zaffaroni- forma parte del control
social y es la esencia misma del control social informal.
Cada día menos aspectos de este control quedan librados
al azar y cada día menos espacio queda para visualizar
la tremenda red condicionante -y en ocasiones, determinante-
que rodea al hombre contemporáneo.
Retomando la conclusión a la que arribamos en el apartado
anterior en relación a las dificultades de acceso,
creemos que la recientemente sancionada Ley de Medios y Servicios
Audiovisuales rompe con la concentración de la información
en pocas manos, lo cual redundaría inexorablemente
en una multiplicidad de voces que garantice el pluralismo
y la democracia en nuestro país -y cuando hablamos
de multiplicidad no sólo estamos haciendo referencia
a los contenidos de esos medios, sino también a la
propiedad de los mismos, es decir, en manos de quién
están y a qué intereses responden esas "manos"-.
Para finalizar recordemos que por definición, la comunicación
es un bien público y un derecho fundamental e irrenunciable
que debe apoyarse en criterios de acceso y participación,
cuestiones nodales en el proyecto aprobado hace unos días,
que reemplazará a la ley en vigencia hasta entonces,
cuyo germen es un decreto de la última dictadura militar.
La nueva Ley será una herramienta fundamental a través
de la cual el Estado administrará un bien público,
ya que el espacio radioeléctrico es de todos los argentinos.
El Estado también deberá garantizar la igualdad
de oportunidades a todas las personas que deseen buscar, investigar,
impartir y/o recibir información por los medios de
comunicación que desee, pues la libertar de expresión,
opinión e información es fundamental para el
desarrollo de los pueblos.
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