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La
letra que entró con sangre
Ausencias
Obra fotográfica de Gustavo Germano
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Aulas
o cuarteles
Por
Marcelo Debiase
Visto
la Convención sobre los Derechos del Niño
La Resolución 228 del ministerio de
Defensa de la Nación, fechada el 5 de marzo de 2010,
comienza de una manera atípica para las temáticas
que uno imagina que aborda esa cartera. Con la fórmula
habitual del "visto" y "considerando",
podemos leer: "VISTO la Convención sobre los Derechos
del Niño (Ley 23.849); Ley de Protección Integral
de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes
(Ley 26.061)
" ¿Sobre que materia va a disponer
el ministerio de Defensa que debe tener a la vista estas leyes?
¿Qué ha pasado desde 1976 que se disponía
la muerte y después, el olvido? Ha pasado que ahora
el ministerio de Defensa tiene una conducción política.
Ha pasado que como parte integrante e integrada al Estado
su desempeño debe ser coherente con las leyes y lineamientos
del Estado. Ha pasado que ese Estado ha reparado que los liceístas,
futuros reservistas de las Fuerzas Armadas, son niñas
y niños menores de 18 años y por lo tanto el
accionar del propio Estado, en una de sus instituciones, tiene
que ajustarse a las leyes que sobre niñez tienen vigencia
en la Nación. Ha pasado mucha agua, y mucha sangre,
bajo el puente que une ese 1976 con el presente.
El ministerio de Defensa ha encarado, entonces,
una restructuración de los Liceos Militares "con
el fin de adecuar su funcionamiento a la normativa legal vigente
y la política educativa nacional coordinada por el
Consejo Federal de Educación, promoviendo la unidad
y articulación del Sistema Educativo Nacional".
La reforma curricular en los liceos, tiene como uno de sus
fundamentos el Protocolo Facultativo de la Convención
sobre los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes,
suscripto por la Argentina en 2002. En este sentido es interesante
observar como la aplicación de la CIDN requiere la
intervención sobre las estructuras administrativas
formales del Estado y no solo la declamación floreada
y principista de algunos.
Plantea algunos ejes de interés para analizar nuestras
representaciones acerca de la educación y la disciplina;
o más bien la educación para disciplinar, que
fundan prácticas que debemos revisar. Parte de esta
iniciativa plantea transformar el método de instrucción
con armas, autorizándolo a partir de 4to año,
reemplaza la materia obligatoria "Religión Católica"
por la asignatura "Problemáticas ciudadanas en
la Argentina contemporánea", propone la realización
de concursos para el ingreso a la carrera docente, estipula
la excepcionalidad del régimen de internado, modifica
el régimen disciplinario y propone un sistema de convivencia
del cual quedaran eliminadas las sanciones extremas, incluso
el arresto.
Es de destacar, también, el nuevo estatus
de los egresados como "reservistas ad referendum, en
el grado que ya otorga cada Fuerza" (Artículo
2), ya que "se trata aquí de niños/as,
adolescentes -menores de edad- cuyos padres al inscribirlos
en estos establecimientos educativos le han asignado una obligación
frente al Estado -la de ser movilizados en caso de conflictos
armados-; que por su trascendencia corresponde sea ratificada
por esos menores al alcanzar la mayoría de edad.".
Podríamos aventurarnos a decir que
borra de un plumazo aspectos que hacen a la construcción
social de lo que entendíamos por "lo militar",
proponiendo un proyecto educativo que si bien no elimina "lo
militar", lo iguala al sistema educativo formal, más
bien lo integra, e integra a los jóvenes liceístas
a un modelo educativo más democrático, más
asociado a la formación de ciudadanía, a la
"inserción en los estudios superiores, el mundo
del trabajo y otras esferas y actividades involucradas en
el desarrollo social y cultural futuro de los/as jóvenes"
que a la incorporación a una corporación de
elite.
Una forma diferente de ver a estos jóvenes
y analizar sus necesidades e intereses, redundará sin
duda en una institución más educativa que militar
y más democrática que autoritaria.
Y por casa cómo andamos
Los que trabajamos a diario con niños
y adolescentes podemos observar en forma cruda los resultados
del maltrato institucional, los efectos en la subjetividad
de los más chicos a raíz de la violencia que
se aplica, de formas más o menos sutiles, a los niños
y las niñas por parte de agentes públicos y
privados que deberían estar atentos a su educación,
protección, tratamiento y desarrollo. En muchos casos
los regimenes disciplinarios de las instituciones tienen un
estilo militar: jerárquico, descendente, inapelable
y sin posibilidad de recurso de revisión. Este estilo
de contacto construye en los adultos autoridad, aunque no
la tengan o aunque sus acciones vulneren derechos y obstruyan
el desarrollo de los niños.
El castigo en buzones, la asignación
de tareas humillantes, la disciplina basada en el mero castigo,
la prohibición de contacto familiar como sanción,
el maltrato físico, el asilamiento, la negación
del derecho a expresar opinión y demás métodos
no faltan en las instituciones donde hay niños y niñas.
Para muestra basta un botón
Señalábamos que, a 34 años
del golpe militar, podemos percibir cómo se mantienen
estructuras de pensamiento que hicieron posible la dictadura
militar y siguen gravitando en prácticas, formas institucionales
y discursos. La reciente propuesta del ex Senador Eduardo
Duhalde, difundida en los medios, de meter a los pibes "malos"
en los cuarteles a reeducarse es un buen ejemplo de esta realidad.
El ex Senador y virtual candidato a Presidente de la Nación
propuso "declarar la emergencia nacional en materia de
seguridad" y censar en 60 días a los que denominó
"jóvenes en riesgo". Se lamentó que
nosotros no podamos echar mano al ejército "porque
está prohibido por la Ley de Defensa Nacional",
pero al menos podemos internarlos en dependencias militares
"todos estos jóvenes que han cometido delitos,
que estén donde estaban antes los conscriptos, ahí
tienen que estar, tratando de reeducarlos". Estos dichos
son acompañados de vagas referencias a lo que han hecho
otros países, como México, y afirmaciones tales
como "las Fuerzas Armadas son necesarias y hay que darles
participación".
Esta posición, expresa la negación de la política
social y la educación como herramienta de transformación
de la vida cotidiana, que tienen su origen en la negación
del otro como semejante, en la construcción del otro
como peligroso, en su denigración a mero objeto de
represión, asilamiento, erradicación, aniquilación.
En definitiva, como escribió alguna vez la psicoanalista
Silvia Bleichmar, se trata de cómo nos presentamos
ante quien tiene una necesidad, y así definimos su
lugar respecto a nosotros. Nosotros creemos que la mejor forma
de ayudar al semejante es a través de un acercamiento
en donde prime la empatía, esa cualidad humana de ponerse
en el lugar del otro. Otros apelan a la teoría de la
eliminación, tanto sea física como visual, de
aquellos que perturban la serenidad de los normales. Nosotros
creemos en la política social y la promoción
y protección de los derechos de la niñez como
herramientas para enfrentar las condiciones de oportunidad
para que un niño cometa un delito, en el fortalecimiento
de las organizaciones barriales y los movimientos sociales
para promover la inclusión social.
Si el objetivo es mejorar las condiciones
de vida de la niñez es menester intervenir no sobre
los niños, sino sobre las estructuras jurídicas
y administrativas del Estado, sobre los discursos, las prácticas
y la opinión publicada que generan la vulneración
de derechos a través de la estigmatización y
la creación de estereotipos negativos.
Aquí como en otros temas, nos
enfrentamos a posiciones irreconciliables con relación
a la protección de la niñez. No puede haber
punto de encuentro entre quienes creemos que la vida mejora
con más justicia social y a través de un mundo
donde aprendamos a cuidarnos entre nosotros, y entre quienes
pretenden volver a un Estado militarizado, donde las instituciones
para educar y sanar sigan pareciéndose a un cuartel.
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