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Ausencias
Obra fotográfica de Gustavo Germano
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Estricta
reparación
Por
Marcelo Vernet
El 29 de octubre de 2009, al finalizar su
discurso anunciando la implementación del Programa
de Asignación Universal por Hijo, Cristina Kirchner
señaló que "esta realidad de llegar a los
menores de 18 años cuyos padres no tienen trabajo o
que están en la economía informal, que hoy puedan
acceder a esta asignación básica universal es
un acto de estricta reparación", para agregar
después de un breve silencio, "de justicia va
a ser cuando su padre tenga un buen trabajo, un buen salario
y una buena casa". Sin duda, hay un eco de las palabras
de Evita cuando explicitó su política social:
"No. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna,
ni es solidaridad social, ni es beneficencia, ni siquiera
es ayuda social, aunque para darle un nombre apropiado yo
le he puesto ese. Para mi, es estrictamente justicia.".
La Presidenta encuadra el Programa, entonces, como una "reparación".
La "estricta justicia" sigue proclamándose
en futuro, es todavía una meta a conseguir. Es un encuadre
acertado, y oportuna su manifestación. Estamos "reparando".
Con sus aciertos y desaciertos, con sus particular estilo
de construcción política (cuestionado por propios
y extraños), el período de gobierno kirchnerista
se ha caracterizado por su afán de reparación.
¿Qué intenta reparar? Lo roto. Un país
roto, un cuerpo social con sus huesos quebrados. El quebranto
de la dictadura militar. La demolición de la década
del '90. El derrumbe del 2001. No siempre lo logra. No siempre
lo intenta. Pero repasemos, de memoria, desordenadamente.
Reparar la institución presidencial, licuada después
de la crisis del 2001 y el vértigo de presidentes por
horas que le sucedió. Reparar la memoria y la justicia
en toda su política de derechos humanos. Esa fractura
expuesta que las leyes de obediencia debida y punto final
habían intentado entablillar malamente, y nos dolía.
Reparar las paritarias. El derecho a la jubilación
de todos los argentinos. La solidaridad intergeneracional
y social de los trabajadores en la recuperación del
sistema jubilatorio estatal de reparto. La pasión por
la política. La discusión política en
el bar, en la calle, en los tallarines del domingo. Reparar
el valor de la investigación en ciencia y tecnología
que había sido mandada a lavar los platos. Reparar
nuestra pertenencia sudamericana. Reparar, recientemente,
nuestra ofensa al Perú. Reparar el trabajo como eje
y norte de las políticas económicas. Reparar
el sueño industrialista que supere el modelo de país
agro exportador. Reparar la vieja deuda de la democracia que
no se había animado a democratizar los medios. Reparar
la fortaleza del Estado, demostrando en los hechos que hay
vida política más allá de Clarín.
Antes del gobierno de Cristina Kirchner era ley no escrita
de nuestra frágil democracia que ningún gobierno
podía soportar más de cuatro o cinco tapas de
Clarín. Reparar al Estado como actor y herramienta
fundamental en la construcción de la Nación.
Reparar, a veces con alambre, a veces con engrudo.
Este Programa de Asignación Universal por hijo es también
una reparación. Pega los trozos de una lámina
amarillenta y despedazada. En la lámina se ve un barrio
de casitas blancas con techos de tejas rojas. Por todas las
calles se ven chicos de guardapolvo blanco yendo a la escuela.
Los grandes al trabajo. En una de las casas, la esposa despide
a su marido, de overol azul. Por la puerta entreabierta se
ve la negra máquina Singer entre telas coloridas y
una heladera Siam. Por supuesto, es un día soleado.
Sin duda, otra lámina debe ser la nuestra. La estamos
bocetando. Por momentos parece un garabato, lleno de borrones
y tachaduras. Pero ahí vamos, con la punta de la lengua
asomando por la comisura de los labios. Está bien que
podamos ver de nuevo la lámina amarillenta y despedazada,
otra vez recompuesta. Porque implica que también se
ha reparado el hilo de la historia que habían cortado
de un sablazo. Vuelto a anudar, se ve el nudo como una cicatriz.
Quizás sea esta la reparación de fondo de este
tumultuoso período. Anudar la historia. Todo hace pensar
que, finalmente, la historia todavía no llegó
a su fin.
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