*Publicación digital - Marzo/Abril 2010
Año II N°6

 

 


Ausencias
Obra fotográfica de Gustavo Germano

Estricta reparación
Por Marcelo Vernet

El 29 de octubre de 2009, al finalizar su discurso anunciando la implementación del Programa de Asignación Universal por Hijo, Cristina Kirchner señaló que "esta realidad de llegar a los menores de 18 años cuyos padres no tienen trabajo o que están en la economía informal, que hoy puedan acceder a esta asignación básica universal es un acto de estricta reparación", para agregar después de un breve silencio, "de justicia va a ser cuando su padre tenga un buen trabajo, un buen salario y una buena casa". Sin duda, hay un eco de las palabras de Evita cuando explicitó su política social: "No. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia, ni siquiera es ayuda social, aunque para darle un nombre apropiado yo le he puesto ese. Para mi, es estrictamente justicia.".
La Presidenta encuadra el Programa, entonces, como una "reparación". La "estricta justicia" sigue proclamándose en futuro, es todavía una meta a conseguir. Es un encuadre acertado, y oportuna su manifestación. Estamos "reparando".
Con sus aciertos y desaciertos, con sus particular estilo de construcción política (cuestionado por propios y extraños), el período de gobierno kirchnerista se ha caracterizado por su afán de reparación. ¿Qué intenta reparar? Lo roto. Un país roto, un cuerpo social con sus huesos quebrados. El quebranto de la dictadura militar. La demolición de la década del '90. El derrumbe del 2001. No siempre lo logra. No siempre lo intenta. Pero repasemos, de memoria, desordenadamente.
Reparar la institución presidencial, licuada después de la crisis del 2001 y el vértigo de presidentes por horas que le sucedió. Reparar la memoria y la justicia en toda su política de derechos humanos. Esa fractura expuesta que las leyes de obediencia debida y punto final habían intentado entablillar malamente, y nos dolía. Reparar las paritarias. El derecho a la jubilación de todos los argentinos. La solidaridad intergeneracional y social de los trabajadores en la recuperación del sistema jubilatorio estatal de reparto. La pasión por la política. La discusión política en el bar, en la calle, en los tallarines del domingo. Reparar el valor de la investigación en ciencia y tecnología que había sido mandada a lavar los platos. Reparar nuestra pertenencia sudamericana. Reparar, recientemente, nuestra ofensa al Perú. Reparar el trabajo como eje y norte de las políticas económicas. Reparar el sueño industrialista que supere el modelo de país agro exportador. Reparar la vieja deuda de la democracia que no se había animado a democratizar los medios. Reparar la fortaleza del Estado, demostrando en los hechos que hay vida política más allá de Clarín. Antes del gobierno de Cristina Kirchner era ley no escrita de nuestra frágil democracia que ningún gobierno podía soportar más de cuatro o cinco tapas de Clarín. Reparar al Estado como actor y herramienta fundamental en la construcción de la Nación. Reparar, a veces con alambre, a veces con engrudo.
Este Programa de Asignación Universal por hijo es también una reparación. Pega los trozos de una lámina amarillenta y despedazada. En la lámina se ve un barrio de casitas blancas con techos de tejas rojas. Por todas las calles se ven chicos de guardapolvo blanco yendo a la escuela. Los grandes al trabajo. En una de las casas, la esposa despide a su marido, de overol azul. Por la puerta entreabierta se ve la negra máquina Singer entre telas coloridas y una heladera Siam. Por supuesto, es un día soleado.
Sin duda, otra lámina debe ser la nuestra. La estamos bocetando. Por momentos parece un garabato, lleno de borrones y tachaduras. Pero ahí vamos, con la punta de la lengua asomando por la comisura de los labios. Está bien que podamos ver de nuevo la lámina amarillenta y despedazada, otra vez recompuesta. Porque implica que también se ha reparado el hilo de la historia que habían cortado de un sablazo. Vuelto a anudar, se ve el nudo como una cicatriz. Quizás sea esta la reparación de fondo de este tumultuoso período. Anudar la historia. Todo hace pensar que, finalmente, la historia todavía no llegó a su fin.